“Antes que lenguaje, hubo pasos. Antes que ideas, hubo instinto. Y en el centro de todo, el cuerpo caminando”.
Vivimos en una era de hiperestimulación mental, saturación digital y desconexión sensorial. Nuestros cuerpos, esas máquinas sabias que nos sostienen y nos susurran verdades profundas, han sido relegados a la categoría de “vehículo” cuando en realidad son archivos vivos, bibliotecas orgánicas donde se resguarda la memoria somática de nuestra especie.
Caminar no es sólo trasladarse. Es recordar.
Es una forma de pensar sin palabras, de sanar sin fórmulas, de volver a casa.
El Cuerpo como Archivo Vivo
Cada músculo, cada articulación, cada oscilación del andar guarda una sabiduría pre-verbal, ancestral, acumulada durante millones de años de evolución.
Caminamos como caminaron los primeros humanos, en busca de agua, alimento, sentido o belleza.
En cada paso, se activa una cartografía corporal del recuerdo, algo que la mente racional no puede explicar… pero el cuerpo reconoce.
La memoria somática no es conceptual. Es instintiva. Y está al alcance de tus pies.
¿Qué es el Sistema WALK-RWD?
WALK-RWD es un sistema desarrollado para reactivar esa sabiduría latente.
Su nombre evoca la función simbólica de “rewind” (rebobinar), como si presionaras un botón que retrocede a las raíces del ser.
Sus principios son simples pero poderosos:
WALK – Caminar diariamente con intención, atención y libertad.
R – Read: Leer; Raíz: reconexión con el instinto y lo terrestre.
W – Write: Escribir; Wisdom: la sabiduría que nace de la letra escrita y fluye con el movimiento.
D – Draw; Desarrollo, Despertar: activación de la conciencia corporal, emocional y espiritual.
Caminar bajo este sistema no es ejercicio físico ni meditación mecánica.
Es acto ritual, reencuentro biográfico, medicina del origen.
Volver al Instinto: Una Necesidad del Presente
Nos han enseñado a desconfiar del instinto, a domesticarlo, a silenciarlo.
Pero la historia humana no nació en oficinas ni templos; nació bajo soles y lunas, con los pies sobre la tierra. El instinto es nuestra primera brújula, nuestra fuente de orientación vital.
Al caminar conscientemente, el cuerpo recuerda lo que el alma ha olvidado:
Recuerda cómo habitar el presente sin ansiedad.
Recuerda que moverse es decidir.
Recuerda que no hay separación entre la naturaleza y tú.
WALK-RWD restaura ese vínculo, devolviéndote la brújula biológica y simbólica del instinto.
Caminata Vivencial Recomendada:
“Caminar como si tu cuerpo ya supiera el camino”
Busca un sendero o espacio natural.
Camina sin música, sin teléfono, sin meta.
Escucha: no el pensamiento, sino la respiración.
Siente cada paso como una llave que abre una puerta.
Deja que emerjan imágenes, sensaciones, recuerdos.
Al finalizar, escribe: ¿qué supo tu cuerpo que tu mente no sabía?
Repite esta caminata por 7 días seguidos. Notarás cómo algo despierta. No es magia. Es tu memoria instintiva.
Testimonios Somáticos
“Después de una semana caminando con el sistema WALK-RWD, comencé a sentir menos miedo y más claridad. Como si algo en mí hubiera despertado sin palabras”
— Lucía V., 41 años
“No pensé que caminar pudiera abrir memorias enterradas. Recordé a mi abuelo caminando a mi lado cuando tenía 7 años. Lloré. Sané. Caminé más”
— Jorge M., 58 años
Cierre: El cuerpo sabe. Camina con él.
En el caminar consciente, no hay gurús, ni fórmulas, ni aplicaciones mágicas.
Solo estás tú, el suelo y la verdad del movimiento.
En la primera parte de esta reflexión distinguimos con claridad el hambre y el apetito: el hambre como necesidad fisiológica inaplazable, y el apetito como deseo psicológico que abre la puerta al disfrute y a la plenitud. Concluíamos entonces que, si el hambre nos recuerda nuestra condición biológica, el apetito nos revela nuestra dimensión humana más sensible; ambas vinculadas a una necesidad –consciente e inconsciente- de sobrevivencia.
Ahora, en esta segunda entrega, queremos poner la lupa sobre el apetito y su estrecha relación con el caminar cotidiano.
El apetito como brújula de vida
El apetito no se limita a la comida: es un síntoma vital. Tener apetito significa que nuestros sistemas internos están funcionando coordinadamente, que hay un equilibrio físico, mental y emocional que nos permite desear, disfrutar y proyectarnos hacia adelante. La falta de apetito, en cambio, suele ser una alarma: algo en nuestra fisiología o en nuestro estado de ánimo no anda bien.
Podríamos decir que el apetito es un timón, un reloj interno, una brújula, una veleta que señala nuestra capacidad de sentirnos vivos (1).
Caminar: un generador de apetito
Si el apetito es la brújula, caminar es la llave que le da cuerda al reloj. El acto simple de poner un pie delante del otro activa múltiples procesos que alimentan, recrean y expanden nuestro apetito en todos los sentidos:
El caminar diario y suficiente aumenta la sensibilidad de las hormonas grelina y leptina, de las que ya hablamos en la Parte I, permitiendo que el cuerpo recupere de manera natural un apetito sano por los alimentos.
Tras una caminata, el cuerpo responde con un “apetito de vida”: pide agua, nutrientes, descanso reparador.
Técnico y funcional
Caminar es un ejercicio accesible, económico, flexible y universal. No requiere equipamiento especial ni condiciones particulares, pero genera resultados tangibles en el equilibrio del apetito.
Estudios de la fisiología del movimiento muestran que incluso caminatas breves de 20 a 30 minutos pueden reactivar un apetito saludable, especialmente en personas con rutinas sedentarias.
Mental y emocional
El apetito no sólo es comer: es desear. Y caminar potencia el deseo de pensar, imaginar, recordar y proyectar.
Cada caminata despeja la mente de lo tóxico y permite que aparezca un apetito renovado por las actividades: leer, escribir, dibujar, conversar, crear, amar (2).
Recuperar el apetito significa recuperar el sentido de la vida. Caminar es un recordatorio de que podemos avanzar paso a paso hacia donde queremos ir.
Cada paseo, cada trayecto, es una metáfora de que el apetito se construye en movimiento: cuanto más caminamos, más sentimos ganas de vivir.
Caminar despierta un apetito de mundo (3): ver, oír, tocar, oler, descubrir.
El apetito por los alimentos: un espejo privilegiado
De todos los apetitos humanos, quizá el más visible y directo sea el de la comida. Y es aquí donde caminar se convierte en un aliado extraordinario.
Una caminata “abre el paladar”, hace que los alimentos sepan mejor, que el cuerpo los reciba con mayor gratitud. [Seguramente a todos y todas les gustará oír lo anterior, y les impactará en el corazón].
Se distingue con más nitidez la diferencia entre el hambre fisiológica y el apetito gustoso.
La comida después de caminar se transforma en celebración: el apetito no es mera necesidad, sino disfrute consciente.
Caminar con apetito
Podríamos resumirlo así:
El hambre de caminar nos recuerda que necesitamos movernos.
El apetito de caminar nos inspira a disfrutar del movimiento, a prolongarlo, a buscarlo cada día, y así prolongar también nuestros años lúcidos y con todos nuestros sentidos (Exteriores e interiores) atentos, despiertos (4)
Y lo maravilloso es que caminar, al mismo tiempo, genera más apetito en todas las dimensiones de la vida.
Si en la Parte I hablábamos de la necesidad de no confundirnos entre hambre y apetito, ahora podemos concluir que el apetito es la señal más clara de que estamos vivos, de que seguimos disfrutando de la vida y manteniendo nuestros deseos vivos. Caminar es una de las formas más sencillas y profundas de alimentar ese apetito.
Por eso, salir a caminar cada día, aunque sea media hora, es como dar cuerda a nuestro reloj vital: nos recuerda que la vida está ahí, esperándonos con todos sus sabores, colores, paisajes y encuentros inesperados (5) (6).
👉 Camina para abrir tu apetito, no sólo de comida, sino de mundo: de naturaleza, vida, aire, nuevos conocimientos, lecturas, escrituras, hallazgos, así como de relaciones, de ideas, y de nuevos proyectos. Cada caminata nos sorprenderá como cada amanecer.
(1) Loya Lopategui, Carlos, Alteración Ficticia. Según la voluntad del delirio, EMULISA, México, 2009, Poema: La Vida, p. 36.
(2) Loya Lopategui, Carlos, Sistema de Reprogramación Erotanática, EMULISA, México, 2025. Disponible en Amazon, Edición Kindle: https://www.amazon.es/dp/B0FJJRL2GX
(4) Loya Lopategui, Carlos, GOVOT. El Susurro Inexorables de los Sentidos, EMULISA, México, 2025. Disponible en Amazon, Edición Kindle: https://www.amazon.es/dp/B0DW2PTYNN
(5) Loya Lopategui, Carlos, Sincronicidad Dirigida. En la Era del Realsmo Tóxico y la I.A., EMULISA, México, 2025. Disponible en Amazon, Edición Kindle: https://www.amazon.es/dp/B0FGDSMWNK
(6) Loya Lopategui, Carlos, Caminar con la Sincronicidad. Cuaderno de Trabajo, EMULISA, México, 2025. Disponible en Amazon, Edición Kindle: https://www.amazon.es/dp/B0FGS96CX2
Cuando hablamos de escribir, pensamos en la mano que empuña la pluma, en los dedos que teclean sobre un ordenador, o en el trazo de un pincel que deja su huella en un lienzo. Sin embargo, hay un instrumento más antiguo, más silencioso y más fiel que también escribe: los pies.
Desde que el ser humano se atrevió a ponerse en pie y caminar, los pies han ido dejando un manuscrito invisible sobre la Tierra. Cada paso marca una letra, cada sendero es una frase, y los caminos recorridos por generaciones forman capítulos completos de la historia de la humanidad.
Los pies escritores dibujaron rutas en la tierra, dejaron signos en los senderos y trazaron relatos invisibles que, sin embargo, aún resuenan en la memoria colectiva [El Lenguaje Oculto de los Pies (1)].
Los pies son, en realidad, los primeros escritores.
Los grandes pies escritores de la historia
Muchos de los sabios y maestros que recordamos no escribieron con tinta, sino con pasos. Buda, con sus largas caminatas, escribió la enseñanza del desapego en senderos polvorientos de la India; convirtió cada paso en precepto. Jesús, recorriendo aldeas y desiertos, inscribió con huellas el mensaje de amor y compasión en la arena y en los caminos pedregosos; convirtió cada trayecto en un programa educativo.
Los peregrinos medievales (Post EL PEREGRINAR, UNA PRÁCTICA ANTIGUA DE CAMINAR), con sus pies cansados, dejaron escritos enteros en las rutas hacia Santiago, Roma o Jerusalén: relatos de fe, sacrificio y esperanza que aún se leen en las piedras desgastadas de los caminos; bordaron con sus huellas las sendas que hoy siguen llamándose “caminos sagrados”.
Los danzantes rituales de tantos pueblos (Post EL CAMINAR Y EL BAILE), al golpear el suelo en círculos interminables, han dibujado versos de fuego y ritmo sobre la tierra sagrada; con su compás, transformaron el suelo en un manuscrito vivo, donde cada giro era palabra y cada golpe era acento.
Incluso los pueblos nómadas, caminando tras las huellas de las estaciones, escribieron la primera enciclopedia del movimiento humano: la que nos recuerda que el hogar no es un lugar fijo, sino el trayecto compartido.
Todos ellos —y millones más de caminantes anónimos— fueron autores de relatos invisibles, inscriptos en los surcos del polvo, en las arenas de los desiertos, en las baldosas de las ciudades. Allí, donde las huellas se borran, persiste la escritura de lo humano.
Caminar, entonces, no es solo moverse: es redactar con el cuerpo una narración abierta, que otros pueden seguir, reescribir o reinterpretar. Cada pie que pisa el mundo participa en esa gran obra coral: una biblioteca infinita escrita en silencio y leída con la memoria de los pasos.
Quizás no todos lo adviertan, pero cada vez que caminas, eres también un escritor. Tus pies firman un texto irrepetible sobre la superficie de la Tierra. Un texto que se borra y, al mismo tiempo, permanece.
La escritura secreta de nuestros pies
Si miramos con atención, descubriremos que cada uno de nosotros sigue escribiendo con los pies. El niño que corre tras una pelota traza su capítulo de juegos y descubrimientos. El trabajador que camina de madrugada hacia el transporte escribe una historia de esfuerzo cotidiano. El amante que recorre las calles para encontrarse con su amada escribe poemas de espera y de deseo.
Nuestros pies no callan: llevan un diario silencioso, incesante, que se acumula en huellas que el viento y el tiempo borran, pero que la memoria guarda. Cada paso es un renglón, cada sendero es una narración.
Invitación a escribir con los pies
Caminar no es solo moverse de un sitio a otro. Es escribir un relato de presencia en el mundo. Los pies nos invitan a ser escritores sin tinta ni papel, pero con historias que se inscriben en nuestra carne, en el suelo que pisamos y en la memoria de quienes caminan con nosotros.
Hoy más que nunca, cuando gran parte de la escritura se ha vuelto digital, necesitamos recordar esta forma primera, primigenia, de narrar: caminar. Porque en cada paso que damos seguimos siendo parte de ese gran libro colectivo de huellas, en el que escribieron antes que nosotros sabios, peregrinos, danzantes, guerreros, agricultores y soñadores.
Así que, lector, este Post es una invitación: sal a caminar, convierte tus pasos en palabras, y permite que tus pies sigan escribiendo la historia que solo tú puedes narrar.
(1) Loya Lopategui, Carlos, El Lenguaje Oculto de los Pies. Entre el Inconsciente Individual y el Colectivo, EMULISA, México, 2005. Disponible en Amazon, Edición Kindle: https://www.amazon.es/dp/B0FNLVXSWP
Este es el primero de una serie, que he titulado “LOS CAMINOS DEL SABOR”. Caminar es abrirse al mundo, y no sólo es abrirse camino por paisajes y brechas, también nos lleva a través de terrenos más íntimos: los sabores. Detrás de cada sendero hay aromas, detrás de cada cultivo hay semillas y detrás de cada comunidad hay recetas que guardan siglos de tradición.
En cada uno de estos Posts estaremos caminando por espacios donde nuestro caminar se convertirá en alimento y la cultura se revelará a través de la cocina.
El chile seco será el protagonista, pero no sólo como ingrediente, sino como viajero incansable que acompaña la historia de México Vernáculo, desde el campo hasta la mesa. Recorreremos sus rutas: desde el surco donde nace verde y vivo, hasta el mercado donde se ofrece ondulado y aromático; desde las manos que lo cosechan hasta las ollas donde se transforma en adobo, mole o salsa. Acompáñalo en sus travesías culinarias y culturales.
Caminar los senderos del chile seco es reconocer que en cada mordida hay huellas de campesinos, peregrinos, cocineras y viajantes que lo llevaron de un Estado del país a otro, de un siglo a otro. Te invito a seguir esas huellas.
En mi libro Capsicupea. Los adobos mexicanos(1), presento 440 recetas que utilizan 27 variedades de los chiles secos que se expenden en la República Mexicana: “Desde siempre tuve inclinación hacia todos los platillos preparados con adobo. Durante los años ochentas y hasta finales de la década de los noventas, por motivo de las obras de construcción que estuve realizando en algunas ciudades de la República Mexicana (grandes, medianas y pequeñas) visité una gran cantidad de mercados locales, restaurantes y fondas en donde ofrecían sus respectivas especialidades de adobos. Esa predilección me permitió conocer con cierta seguridad los distintos integrantes de cada uno de esos platillos, mismos que fui apuntando y organizando. En un porcentaje considerable me atrevía a preguntar a la dueña o dueño, y también a la cocinera en jefe, sobre algunos de los condimentos que no podía distinguir; y así fui elaborando esta lista de platillos en adobo que ahora les presento con gusto, el gusto de saborearlos. Sólo en pocos casos se presenta con la carne o el marisco que no lo probé en su presentación original; la enorme mayoría conserva las piezas con la cuales degusté el delicioso manjar. En ciertas ocasiones he tenido que regresar al lugar para buscar nuevamente el platillo que no apunté y que he considerado muy importante incluir en la selección.
Todas las recetas fueron preparadas por mí y a veces tuve que hacerlo dos o tres veces para precisarlas y afinarlas. No obstante, quedaron muchos platillos sin haberles sacado la fotografía, ya que me hubiera llevado meses hacerlo, por lo que preferí mejor imprimir y dejar los espacios para que el propio lector sea él mismo quien le coloque la imagen fotográfica (o varias) a los platillos que vaya realizando.
Con las costumbres y tradiciones de siglos, cada región del país y cada Estado en particular han desarrollado sus platillos de adobo exclusivos y diferenciados de acuerdo a sus gustos culinarios y a las características y sabores de los productos naturales típicos de cada zona de la República Mexicana.
Cada platillo tiene su tradición en cuanto a sus ingredientes y por supuesto también a la cantidad del adobo con el que se recubre el alimento principal; no obstante, es prerrogativa del degustador si lo cubre totalmente con el adobo o sólo se zarandea en un sartén con poca cantidad de él”.
Iniciamos en este Post con el chile ancho, obtenido mediante el secado del chile poblano, adquiriendo la profundidad de los sabores que acompañan al caminante.
“Caminar la cultura es también saborearla”.
LOS CAMINOS DEL SABOR no es un recetario, sino una invitación a caminar la cultura a través del gusto. Porque caminar no es solo desplazarse: es abrir los sentidos (2). Y cuando uno camina también con la degustación del sentido del gusto, descubre que la historia de un país puede contarse en un adobo, en un mole o en una salsa.
1.El hallazgo en la caminata
Caminar los mercados de México es recorrer un universo de colores y aromas. En San Pedro Cholula, entre puestos de frutas, maíz y hierbas, me detuvo una visión rojiza, casi terrosa: montones de chiles anchos que parecían montañas diminutas secadas al sol. Fue ahí donde recordé que este fruto no nació ancho, sino verde y fresco, en los surcos de Puebla, y que su viaje hasta mi mano es también un caminar.
2. El chile Ancho en contexto cultural
El chile poblano, al secarse, se convierte en chile ancho: piel arrugada, rojo oscuro, aroma dulce con un dejo ahumado. Es protagonista de adobos poblanos, base de moles y salsas que acompañan carnes, verduras o tamales.
Su cultivo exige paciencia: campesinos que siembran en primavera, caminan la milpa en verano para cuidarla, y finalmente cosechan en otoño. Cada paso de ese andar rural se refleja en el sabor profundo que, una vez seco, acompaña la cocina mexicana.
3. Recorrido del chile ancho (producción y Consumo).
El chile ancho, aunque nace en los surcos poblanos, ha extendido su caminar por toda la República, generando rutas de producción, distribución y consumo que lo convierten en un verdadero viajero de la tierra y el fuego. Estas rutas no son sólo comerciales: son también culturales, porque cada traslado lleva consigo modos de cocinar, costumbres y celebraciones. Sus caminos son diversos y cada ruta cuenta una historia distinta:
Ruta 1. Ruta del Altiplano Central.-Puebla – Ciudad de México – Centro del país
El corazón de su origen está en los valles de Puebla, donde el chile poblano se deja madurar hasta convertirse en ancho. De ahí parte hacia los mercados de Atlixco y Tehuacán, y de manera natural asciende a la Ciudad de México. En la Central de Abasto se concentra como producto mayorista, para luego distribuirse a mercados icónicos como La Merced, San Juan y Jamaica. Desde aquí viaja a los estados vecinos: Tlaxcala, Hidalgo, Querétaro y el Bajío, donde se vuelve indispensable en adobos y moles festivos. Con sus tan distintos periplos culturales, desde los campos poblanos y tlaxcaltecas, el chile ancho viaja hacia Ciudad de México y Estado de México, donde se convierte en ingrediente central de adobos y moles urbanos. Los grandes mercados como La Merced, San Juan y Toluca son centros de distribución donde el ancho se mezcla con decenas de especias y condimentos.
Ruta 2. Ruta del Golfo y la Huasteca.- Puebla – Veracruz – Golfo de México
Hacia el oriente, el chile ancho baja por las cañadas y caminos que comunican Puebla con Veracruz. En Córdoba, Orizaba y Xalapa se le incorpora a la cocina veracruzana, especialmente en adobos de cerdo y guisos de cazuela. De ahí se expande hacia el norte, hasta llegar a Tuxpan, Poza Rica y la Huasteca, donde se le conoce también como “Chile Color”. Esta denominación refleja su papel fundamental en los adobos huastecos, en los que el rojo profundo se vuelve signo de identidad. En regiones de Veracruz, Hidalgo y San Luis Potosí,(y otros 4 estados que conforman La Huasteca) el chile ancho forma parte de los famosos “adobos huastecos” con hierbas locales. Los mercados de Tuxpan, Tantoyuca y Tampico son puntos clave en su comercialización.
Ruta 3. Ruta del Bajío.- Guanajuato-Querétaro-San Luis Potosí.
En Guanajuato, Querétaro y San Luis Potosí, el chile ancho se cultiva y se consume en abundancia. Viaja en costales hacia los mercados de León, Celaya y San Luis, donde se integra a guisos campesinos y festivos. Aquí también recibe otros nombres: “chile de color” o simplemente “colorado”, por la intensidad rojiza que otorga a los platillos.
Ruta 4. Ruta Sureste. Puebla – Oaxaca – Sureste
Al sur, el chile ancho camina hacia Oaxaca, donde convive con el chile pasilla, el mulato y el chilhuacle. En los mercados de Oaxaca de Juárez y en la tradición de los siete moles, el ancho ocupa un lugar modesto pero persistente, en particular en adobos que acompañan carnes y tamales. Desde Oaxaca, se distribuye hacia Chiapas y Tabasco, ampliando sus usos en caldos y adobos regionales.
Ruta 5. Ruta del Norte.-Puebla – Norte del país – Exportación.
El camino hacia el norte lo lleva a San Luis Potosí, Zacatecas y Coahuila, donde se combina con técnicas de asado y carnes secas. En Monterrey, el chile ancho aparece en guisos familiares y también en la industria restaurantera.
En Zacatecas y Durango, el chile ancho acompaña a la carne seca, los asados y los guisos mineros. Los mercados de Zacatecas capital y Durango lo muestran en montones brillantes, y de ahí viaja hacia Monterrey, Saltillo y Torreón, donde se combina con nuevas tradiciones culinarias.
Desde esta ruta, parte hacia los Estados Unidos: en Texas, California, Arizona e Illinois es común encontrarlo en mercados hispanos bajo el nombre de ancho chili pepper. Exportado seco y en costales, mantiene su destino de ser puente entre la cocina mexicana y la nostalgia de los migrantes.
En cada una de estas rutas, el chile ancho no es sólo mercancía: es memoria en tránsito. Lo mismo acompaña las cocinas humildes que los banquetes de boda, los guisos de rancho que los menús internacionales. Sus caminos siguen abiertos, como si cada arruga de su piel conservara la huella de quienes lo cultivaron, cargaron y compartieron.
Hoy en día, el chile ancho también ha comenzado a recorrer rutas internacionales: se exporta en volúmenes modestos hacia Estados Unidos, donde comunidades mexicanas (principalmente en California y Texas) lo han convertido en un insumo indispensable para mantener vivas sus cocinas de origen. Su olor dulce-ahumado ya ha empezado a ser reconocido también en tiendas gourmet de Canadá y Europa.
4. Usos del chile ancho
Se utiliza en la mayoría de los adobos y moles que se preparan en la República mexicana. En los 440 platillos que se presentan en Capsicupea, representa el 65% de su participación dentro de los platillos descritos.
Receta: Adobo de Cerdo con chile ancho
Ingredientes (para 6 porciones)
1 Kg pulpa de cerdo en trocitos
(puede combinarse: ½ Kg. de pulpa con ½ Kg. de costillitas)
3 chiles anchos chicos
2 dientes de ajo
¼ cebolla chica (o sal de cebolla)
5 chiles seco Piquín (un puñito)
Vinagre un chorrito
Aceite vegetal
Sal de cebolla
Sal al gusto
Preparación:
Para preparar la salsa de adobo, los chiles anchos se ponen a remojar en agua caliente, se desvenan, se quitan las semillas y posteriormente se muelen en la licuadora con poquita agua, junto con el ajo y el chile seco piquín, éste soasado previamente en el comal. Se pone a freír el recaudo y una vez que ya está bien frito el recaudo se le agrega un vaso de agua (200 ml).
La carne bien lavada se pone a dorar con un poquito de aceite vegetal y sal en la olla exprés; una vez doradita ligeramente se le agrega la salsa de adobo. Se pone a cocer durante 20 minutos. La salsa debe haber quedado no muy aguada ni muy espesa. Verter un poco de agua si quedó demasiado espesa o un poco de fécula de maíz o de trigo si quedó demasiado aguada.
Se sirve con arroz blanco.
Este adobo es sencillo, pero encierra siglos de caminatas campesinas y festivas. Es oriundo de la zona del Norte de Veracruz, fundamentalmente en Tuxpan. Esta receta nos la transmitió la Señora Coty (3).
En general, la preparación de los chiles secos para elaborar adobo, se realiza de dos maneras:
Primera forma:
Tostar ligeramente los chiles en comal, cuidando que no se quemen.
Se desvenan los chiles y se le quitan las semillas. El desvenado se realiza para evitar que pique el adobo (opcional). Las semillas se quitan para que no amargue el adobo.
Moler en licuadora con ajo, cebolla, especias y vinagre hasta formar una pasta tersa.
Cocinar a fuego medio en sartén, con un poco de aceite, por 10 minutos, con sal al gusto.
Segunda forma:
Remojar los chiles secos en agua caliente, durante 5 minutos al fuego.
Se desvenan los chiles y se le quitan las semillas. El desvenado se realiza para evitar que pique el adobo (opcional). Las semillas se quitan para que no amargue el adobo.
Moler en licuadora con ajo, cebolla, especias y vinagre hasta formar una pasta tersa.
Cocinar a fuego medio en sartén, con un poco de aceite, por 10 minutos, con sal al gusto.
5. Reflexión caminante
Preparar un adobo, un mole o una salsa de chile ancho es como caminar entre surcos invisibles: cada bocado es un paso en la tierra poblana, un recuerdo de las manos que cosecharon, de los pies que llevaron los costales al mercado, de quienes han cruzado generaciones con esta receta. Al comerlos, uno camina la cultura a través del sabor.
6. Cierre inspirador
El chile ancho no es solo un fruto seco: es un puente entre campo y ciudad, entre tierra y mesa. Imagino que un día, en “El Señor Adobo”, se sirva este adobo como emblema: un sabor accesible al paladar del caminante y al viajero extranjero. Porque los chiles, al igual que nosotros, nunca dejan de andar.
Deseo compartir la inspiración detrás de mi serie de publicaciones “Caminos del Sabor”. A nivel global, una porción considerable de personas prioriza la consecución del objetivo por encima del disfrute del proceso. Sin embargo, en la mayoría de mis vivencias, he hallado mayor satisfacción en el recorrido que en la culminación. Me gustaría que, de ahora en adelante, quienes se aventuren a caminar vean sus travesías como una experiencia culinaria. Estoy convencido de que la mayor parte de la humanidad se deleita más con el trayecto de saborear exquisitos manjares que con el simple hecho de terminar de comer. Cada vez que salgan a caminar, procuren —con un esfuerzo mental, anímico, físico, etc.— equiparar la caminata con una comida, para que gocen y paladeen cada instante del recorrido, hasta alcanzar su destino. El Apetito-Deseo que surge al comienzo de una comida es, sin duda, la clave del disfrute. Para esto del Apetito, les recomiendo mi libro: “Apetito Existencial” (4). Bueno, esta es la razón por la cual escribo esta serie “Caminos del Sabor”. ¡Buon Apptito!
(2) Loya Lopategui, Carlos, GOVOT. El susurro inexorable de los Sentidos, EMULISA, México, 2025. Disponible en Amazon, Edición Kindle: https://www.amazon.es/dp/B0DW2PTYNN
El sol apenas asoma y el aire aún guarda ese frescor que solo se siente en las primeras horas del día. Un hombre sale de casa, sin teléfono en la mano ni auriculares en los oídos. Solo lleva sus pasos. El crujir de las hojas bajo sus pies, el canto tímido de los pájaros y el leve aroma a tierra húmeda componen su primera conversación del día. No va a ninguna parte en particular. Camina… y en ese caminar, el mundo empieza a ordenarse.
En este mundo que corre a toda velocidad, donde cada minuto parece programado, caminar se ha convertido en un lujo… y en una necesidad olvidada. Sin embargo, este acto ancestral, que nuestros antepasados practicaron como parte natural de su existencia, sigue siendo la herramienta más poderosa para transformar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu.
Caminar no requiere gimnasios, uniformes ni horarios. Solo un par de pies dispuestos y el deseo de moverse. Es el ejercicio más democrático: lo pueden practicar jóvenes, adultos y ancianos; en la ciudad, en el campo o en la playa; solo o acompañado.
En un tiempo donde todo parece moverse a una velocidad que no nos deja respirar, el ensayo: “Caminar: del Acto Físico al Acto Filosófico”(1) nos recuerda algo esencial: caminar no es solo trasladarse de un punto a otro, es una oportunidad para pensar, sentir y vivir con más conciencia.
Más que un ejercicio: un cambio de paradigma
Durante siglos, caminar fue una herramienta de supervivencia, un medio para llegar a los sitios, trabajar la tierra o explorar territorios. Pero en la filosofía —de Oriente y Occidente— siempre tuvo un significado más profundo. Aristóteles enseñaba mientras caminaba en el Liceo (Posts ARISTÓTELES Y SUS DISCURSOS MIENTRAS CAMINABA; CAMINAR Y LOS PERIPATETICOS), los monjes zen lo convierten en meditación en movimiento (Post EL SISTEMA WALK-RWD Y EL ZEN), Nietzsche encontraba en sus largas caminatas la chispa de sus ideas más audaces (Posts futuros NIETZSCHE Y LOS GRIEGOS EN EL CAMINAR; NIETZSCHE Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL).
Este libro propone recuperar esa herencia y dar un paso más: ver el caminar como una práctica filosófica y ética capaz de transformar nuestra manera de habitar el mundo. Caminar es un acto que involucra cuerpo, mente y espíritu, y que nos permite reconectar con lo esencial en medio del ruido cotidiano.
Cuatro dimensiones para redescubrir el acto de caminar
El ensayo citado nos invita a explorar cuatro grandes formas de caminar en la vida contemporánea:
Meditación en movimiento – Dejar que el ritmo de los pasos marque el compás de nuestros pensamientos. Cada respiración acompaña un paso, cada paso se convierte en presencia. Caminar así calma la mente y abre espacio para el pensamiento creador y meditativo, y así mismo para nuevas ideas.
Filosofía de la caminata – Pensar no siempre tiene que promoverse y suscitarse sentados en un escritorio. Al caminar, la mente se libera, las ideas fluyen y las conexiones aparecen sin esfuerzo. Grandes escritores, científicos y filósofos han encontrado sus mejores pensamientos sobre un sendero, no sentados frente a una página en blanco.
Resistencia a la cultura de la velocidad – En una sociedad que nos empuja a correr, caminar es un acto formal y preciso de rebeldía. Caminar es elegir un ritmo humano, es permitir que el tiempo se expanda, es observar lo que el apresuramiento no nos deja ver.
Ecofilosofía y conexión con la naturaleza – Al caminar, el cuerpo se funde con el entorno. Aprendemos a mirar el cielo, a sentir el viento, a escuchar los sonidos del mundo. Y ese contacto directo nos recuerda que no somos dueños de la naturaleza, sino parte de ella.
Un legado de pasos y pensamientos
El desarrollo y la explicación del ensayo recorre las enseñanzas de pensadores como Husserl, Heidegger, Merleau-Ponty, Camus, Sartre, Simone de Beauvoir, Deleuze y Nietzsche, junto a las visiones del Taoísmo, el Zen y la filosofía Samurai. Cada uno aporta una mirada única, pero todos coinciden en algo: caminar transforma. No solo al que camina, sino también la manera en que ese caminante “Hace Mundo”.
Cada paso es un diálogo silencioso con nuestro cuerpo. La respiración se acompasa, el corazón late con fuerza controlada, los músculos despiertan. Y mientras tanto, la mente se aclara. Caminar nos permite pensar mejor, observar con atención y reconectar con lo que realmente importa.
El simple acto de poner un pie delante del otro puede convertirse en una declaración de principios. Un camino puede ser una línea recta en el suelo, pero también una ruta hacia una vida más consciente, libre y creativa.
Un paso hacia ti mismo
Si tienes un par de pies y un pequeño tramo de suelo, tienes todo lo que necesitas para empezar. No necesitas ropa especial ni tecnología avanzada. Basta con la decisión de salir y moverte. La recompensa será un cuerpo más vivo, una mente más despierta y un corazón más abierto.
Pero no es solo salud física. Quien camina abre la puerta a una nueva percepción del mundo: descubre rincones invisibles, sonidos que el ruido diario oculta y matices que la prisa borra. Caminar es también una forma de resistencia contra la aceleración que nos roba presencia.
Caminar es el más accesible de los viajes, pero también puede ser el más profundo. Cada paso es una oportunidad para preguntarte: ¿qué estoy pensando?, ¿qué estoy sintiendo?, ¿hacia dónde quiero ir, no solo en este camino, sino en mi vida? Caminando las respuestas vendrán por sí mismas.
Por eso, más que un ejercicio, caminar es un compromiso con uno mismo. Un ritual que puede cambiar tu día y, poco a poco, tu vida entera.
La invitación es simple: da tu primer paso hoy. No importa si son cinco minutos o media hora. Lo importante es empezar. El resto vendrá solo, paso a paso.