Sobre los Rarámuri, la evidencia científica apunta a una fascinante combinación de cultura, modo de vida, adaptación histórica, conocimiento corporal transmitido de generación en generación y una relación cotidiana con las montañas y las largas distancias. Todo ello les ha permitido desarrollar una extraordinaria eficiencia física y mental para el desplazamiento a pie, algo que el mundo moderno apenas comienza a redescubrir y valorar.
En agosto de 2022 conocí la etimología de la palabra Rarámuri, cuyo significado suele interpretarse como «Gente de los Pies Ligeros». En aquel momento decidí escribir un Post sobre este extraordinario pueblo; sin embargo, por diversas circunstancias, el proyecto quedó suspendido. Curiosamente, años antes había publicado un libro(1) en el que mencionaba a numerosos pueblos originarios que fueron parcial o totalmente destruidos, primero durante la Conquista Española y posteriormente por diversos procesos históricos que terminaron por borrar gran parte de su legado. Los Rarámuri, afortunadamente, resistieron. Y no sólo resistieron: conservaron una parte esencial de su identidad ligada al caminar, al correr y a la profunda relación con su territorio.
MARÍA LORENA RAMÍREZ Y EL PUEBLO DE LOS PIES LIGEROS
Una huella que merece permanecer
Como he señalado, hace casi cuatro años programé un artículo para este blog sobre un pueblo extraordinario del norte de México. Lo programé, tomé algunas notas, imaginé algunos párrafos… y nunca llegué a escribirlo.
Hoy comprendo que tal vez estaba esperando el momento adecuado.
Ese momento ha llegado.
Quiero hablar de los Rarámuri.
O, mejor dicho, del pueblo que se llama a sí mismo Rarámuri, palabra que suele interpretarse como “los de los pies ligeros” o “los que corren ligeros”. Un nombre que parece surgido de una leyenda, pero que en realidad describe una forma de vida.
En un mundo donde cada vez caminamos menos, donde los desplazamientos más cortos suelen hacerse en vehículos y donde el sedentarismo se ha convertido en una epidemia global, los Rarámuri siguen recordándonos algo esencial: el cuerpo humano nació para moverse.
Y entre ellos ha surgido una mujer que ha llevado ese mensaje hasta los rincones más lejanos del planeta.
Su nombre es María Lorena Ramírez.
En 2017, María Lorena participó en el ultramaratón Ultra Trail Cerro Rojo, celebrado en Puebla. La prueba recorría cincuenta kilómetros de montaña y reunió a aproximadamente quinientos corredores provenientes de doce países. Muchos llegaron equipados con tecnología deportiva de última generación: relojes inteligentes, sistemas de hidratación, ropa técnica, bastones especializados y costosos zapatos diseñados para correr en terrenos difíciles.
María Lorena llegó de otra manera.
Vestía la ropa tradicional de su pueblo: una falda larga y colorida, un pañuelo y unas sencillas sandalias —huaraches— confeccionadas con suelas de llanta reciclada.
No llevaba nada extraordinario.
O, mejor dicho, llevaba algo extraordinario que nadie podía ver.
Llevaba siglos de cultura caminante.
Llevaba montañas recorridas desde la infancia.
Llevaba senderos aprendidos antes que carreteras.
Llevaba una relación íntima con la tierra.
Y ganó.
Recorrió los cincuenta kilómetros en poco más de siete horas y cruzó la meta antes que todas sus competidoras. Lo hizo sin los accesorios que muchos consideran indispensables para una prueba de esa magnitud. Apenas llevaba una botella de agua.
El mundo quedó sorprendido.
Los Rarámuri, probablemente no.
Para ellos correr largas distancias no es una moda.
Es una tradición.
Es una forma de comunicación con el territorio.
Es parte de su identidad.
Mucho antes de que existieran los maratones modernos, los cronómetros electrónicos o las grandes marcas deportivas, los Rarámuri ya recorrían enormes distancias entre barrancas, montañas y senderos de la Sierra Madre Occidental.
La victoria de María Lorena no fue un hecho aislado.
Antes de aquella famosa carrera ya había obtenido importantes resultados, incluyendo un segundo lugar en la exigente ultramaratón Caballo Blanco de 100 kilómetros, una de las competencias más emblemáticas de Chihuahua.
Con el paso de los años su historia recorrió el mundo.
Fue protagonista del documental Lorena, la mujer de los pies ligeros, difundido internacionalmente, y se convirtió en un símbolo de resistencia, humildad y autenticidad.
Pero lo más admirable es que, después de la fama, María Lorena siguió siendo María Lorena.
Siguió viviendo en su comunidad.
Siguió cuidando animales.
Siguió caminando los senderos de siempre.
Siguió usando sus huaraches.
Siguió siendo Rarámuri.
Y quizá allí se encuentre la enseñanza más profunda.
Porque el mundo moderno suele asociar el éxito con la transformación de las personas.
Los Rarámuri parecen enseñarnos lo contrario.
A veces el verdadero éxito consiste en no olvidar quiénes somos.
Como caminante, lector y escritor, encuentro en esta historia una reflexión inevitable.
Durante años he defendido la idea de que caminar no es solamente un medio de transporte ni una actividad física.
Caminar es una forma de pensar.
Una forma de conocer.
Una forma de crear.
Una forma de relacionarnos con el mundo.
Los Rarámuri parecen haber conservado esa verdad ancestral que muchas sociedades han ido perdiendo.
Mientras nosotros buscamos aplicaciones para contar nuestros pasos, ellos siguen haciendo de cada paso una forma de vida.
Mientras nosotros convertimos el caminar en ejercicio, ellos lo conservan como cultura.
Mientras nosotros buscamos volver a la naturaleza, ellos nunca se separaron de ella.
No sé si los Rarámuri nacieron para caminar largas distancias.
Tal vez la pregunta correcta sea otra.
¿Qué ocurre con un pueblo que durante siglos convierte el caminar y el correr en parte de su identidad colectiva?
Quizá ocurre exactamente esto:
surgen personas como María Lorena Ramírez.
Mujeres capaces de recordarle al mundo que la resistencia humana no siempre nace de la tecnología.
Que la fortaleza no siempre necesita espectáculo.
Que la grandeza puede presentarse con una falda tradicional, unas sandalias hechas con llantas recicladas y una sonrisa serena al cruzar la meta.
Hoy, finalmente, aquel artículo pendiente encuentra su camino.
Y me alegra que sea así.
Porque algunas historias merecen ser contadas.
Pero algunas merecen dejar huella.
Y la huella de los Rarámuri lleva siglos recorriendo las montañas de México.
Quizá ha llegado el momento de que el resto del mundo aprenda a seguirla.
Creo que este texto encaja muy bien con el espíritu de WALKREADANDWRITE.COM porque no se limita a narrar una victoria deportiva; la convierte en una reflexión sobre el caminar como cultura, identidad y forma de vida. Además, dialoga con una de las ideas centrales que hemos defendido durante años: que caminar es mucho más que desplazarse. Es una manera de habitar el mundo. Y pocos pueblos han encarnado esa idea con tanta fuerza como los Rarámuri.
Hay algo excepcional en el pueblo Rarámuri que merece ser reconocido y preservado. Pero esa excepcionalidad no debe entenderse como una cuestión de superioridad biológica, sino como el resultado de una extraordinaria convergencia entre territorio, cultura, tradición, aprendizaje desde la infancia, fortaleza mental y una relación cotidiana con el movimiento que ha perdurado durante siglos.
Vista desde esta perspectiva, la trayectoria de María Lorena Ramírez adquiere una dimensión todavía mayor. No aparece como una excepción aislada ni como un fenómeno surgido de manera fortuita, sino como una expresión contemporánea de una herencia cultural profundamente arraigada.
También me parece significativo que este artículo vea la luz después de haber permanecido pendiente desde 2022. A veces los textos encuentran su propio momento para ser escritos, y sospecho que éste es uno de ellos. La historia de María Lorena dialoga de manera natural con muchas de las ideas que hemos explorado durante años en WALKREADANDWRITE.COM: el caminar como actividad humana fundamental, como forma de conocimiento, como herramienta de libertad y como vínculo permanente entre las personas y el territorio.
Quizá muchos lectores descubran aquí la admirable historia de María Lorena Ramírez. Pero espero que también descubran algo más: la grandeza silenciosa de los Rarámuri, un pueblo que ha sabido conservar, generación tras generación, una de las capacidades más antiguas y profundas del ser humano: la de avanzar por el mundo siguiendo el ritmo de sus propios pasos.
El progreso consiste en recordar
aquello que nunca debimos abandonar.

(1) Loya Lopategui, Carlos, “PUEBLO QUIETO, Las Caídas de la Libertad”, EMULISA, México, 2015
Hoy cumplimos los 30 días de nuestra Convocatoria. Felicito a todas las personas que han realizado el esfuerzo por caminar todos los días en su entorno, a su propio ritmo y desde luego formando parte de este mismo gran Movimiento.
