Este es el primero de una serie, que he titulado “LOS CAMINOS DEL SABOR”. Caminar es abrirse al mundo, y no sólo es abrirse camino por paisajes y brechas, también nos lleva a través de terrenos más íntimos: los sabores. Detrás de cada sendero hay aromas, detrás de cada cultivo hay semillas y detrás de cada comunidad hay recetas que guardan siglos de tradición.
En cada uno de estos Posts estaremos caminando por espacios donde nuestro caminar se convertirá en alimento y la cultura se revelará a través de la cocina.
El chile seco será el protagonista, pero no sólo como ingrediente, sino como viajero incansable que acompaña la historia de México Vernáculo, desde el campo hasta la mesa. Recorreremos sus rutas: desde el surco donde nace verde y vivo, hasta el mercado donde se ofrece ondulado y aromático; desde las manos que lo cosechan hasta las ollas donde se transforma en adobo, mole o salsa. Acompáñalo en sus travesías culinarias y culturales.
Caminar los senderos del chile seco es reconocer que en cada mordida hay huellas de campesinos, peregrinos, cocineras y viajantes que lo llevaron de un Estado del país a otro, de un siglo a otro. Te invito a seguir esas huellas.
En mi libro Capsicupea. Los adobos mexicanos(1), presento 440 recetas que utilizan 27 variedades de los chiles secos que se expenden en la República Mexicana: “Desde siempre tuve inclinación hacia todos los platillos preparados con adobo. Durante los años ochentas y hasta finales de la década de los noventas, por motivo de las obras de construcción que estuve realizando en algunas ciudades de la República Mexicana (grandes, medianas y pequeñas) visité una gran cantidad de mercados locales, restaurantes y fondas en donde ofrecían sus respectivas especialidades de adobos. Esa predilección me permitió conocer con cierta seguridad los distintos integrantes de cada uno de esos platillos, mismos que fui apuntando y organizando. En un porcentaje considerable me atrevía a preguntar a la dueña o dueño, y también a la cocinera en jefe, sobre algunos de los condimentos que no podía distinguir; y así fui elaborando esta lista de platillos en adobo que ahora les presento con gusto, el gusto de saborearlos. Sólo en pocos casos se presenta con la carne o el marisco que no lo probé en su presentación original; la enorme mayoría conserva las piezas con la cuales degusté el delicioso manjar. En ciertas ocasiones he tenido que regresar al lugar para buscar nuevamente el platillo que no apunté y que he considerado muy importante incluir en la selección.
Todas las recetas fueron preparadas por mí y a veces tuve que hacerlo dos o tres veces para precisarlas y afinarlas. No obstante, quedaron muchos platillos sin haberles sacado la fotografía, ya que me hubiera llevado meses hacerlo, por lo que preferí mejor imprimir y dejar los espacios para que el propio lector sea él mismo quien le coloque la imagen fotográfica (o varias) a los platillos que vaya realizando.
Con las costumbres y tradiciones de siglos, cada región del país y cada Estado en particular han desarrollado sus platillos de adobo exclusivos y diferenciados de acuerdo a sus gustos culinarios y a las características y sabores de los productos naturales típicos de cada zona de la República Mexicana.
Cada platillo tiene su tradición en cuanto a sus ingredientes y por supuesto también a la cantidad del adobo con el que se recubre el alimento principal; no obstante, es prerrogativa del degustador si lo cubre totalmente con el adobo o sólo se zarandea en un sartén con poca cantidad de él”.
Iniciamos en este Post con el chile ancho, obtenido mediante el secado del chile poblano, adquiriendo la profundidad de los sabores que acompañan al caminante.
“Caminar la cultura es también saborearla”.
LOS CAMINOS DEL SABOR no es un recetario, sino una invitación a caminar la cultura a través del gusto. Porque caminar no es solo desplazarse: es abrir los sentidos (2). Y cuando uno camina también con la degustación del sentido del gusto, descubre que la historia de un país puede contarse en un adobo, en un mole o en una salsa.
1.El hallazgo en la caminata
Caminar los mercados de México es recorrer un universo de colores y aromas. En San Pedro Cholula, entre puestos de frutas, maíz y hierbas, me detuvo una visión rojiza, casi terrosa: montones de chiles anchos que parecían montañas diminutas secadas al sol. Fue ahí donde recordé que este fruto no nació ancho, sino verde y fresco, en los surcos de Puebla, y que su viaje hasta mi mano es también un caminar.
2. El chile Ancho en contexto cultural
El chile poblano, al secarse, se convierte en chile ancho: piel arrugada, rojo oscuro, aroma dulce con un dejo ahumado. Es protagonista de adobos poblanos, base de moles y salsas que acompañan carnes, verduras o tamales.
Su cultivo exige paciencia: campesinos que siembran en primavera, caminan la milpa en verano para cuidarla, y finalmente cosechan en otoño. Cada paso de ese andar rural se refleja en el sabor profundo que, una vez seco, acompaña la cocina mexicana.
3. Recorrido del chile ancho (producción y Consumo).
El chile ancho, aunque nace en los surcos poblanos, ha extendido su caminar por toda la República, generando rutas de producción, distribución y consumo que lo convierten en un verdadero viajero de la tierra y el fuego. Estas rutas no son sólo comerciales: son también culturales, porque cada traslado lleva consigo modos de cocinar, costumbres y celebraciones. Sus caminos son diversos y cada ruta cuenta una historia distinta:
Ruta 1. Ruta del Altiplano Central.-Puebla – Ciudad de México – Centro del país
El corazón de su origen está en los valles de Puebla, donde el chile poblano se deja madurar hasta convertirse en ancho. De ahí parte hacia los mercados de Atlixco y Tehuacán, y de manera natural asciende a la Ciudad de México. En la Central de Abasto se concentra como producto mayorista, para luego distribuirse a mercados icónicos como La Merced, San Juan y Jamaica. Desde aquí viaja a los estados vecinos: Tlaxcala, Hidalgo, Querétaro y el Bajío, donde se vuelve indispensable en adobos y moles festivos. Con sus tan distintos periplos culturales, desde los campos poblanos y tlaxcaltecas, el chile ancho viaja hacia Ciudad de México y Estado de México, donde se convierte en ingrediente central de adobos y moles urbanos. Los grandes mercados como La Merced, San Juan y Toluca son centros de distribución donde el ancho se mezcla con decenas de especias y condimentos.
Ruta 2. Ruta del Golfo y la Huasteca.- Puebla – Veracruz – Golfo de México
Hacia el oriente, el chile ancho baja por las cañadas y caminos que comunican Puebla con Veracruz. En Córdoba, Orizaba y Xalapa se le incorpora a la cocina veracruzana, especialmente en adobos de cerdo y guisos de cazuela. De ahí se expande hacia el norte, hasta llegar a Tuxpan, Poza Rica y la Huasteca, donde se le conoce también como “Chile Color”. Esta denominación refleja su papel fundamental en los adobos huastecos, en los que el rojo profundo se vuelve signo de identidad. En regiones de Veracruz, Hidalgo y San Luis Potosí,(y otros 4 estados que conforman La Huasteca) el chile ancho forma parte de los famosos “adobos huastecos” con hierbas locales. Los mercados de Tuxpan, Tantoyuca y Tampico son puntos clave en su comercialización.
Ruta 3. Ruta del Bajío.- Guanajuato-Querétaro-San Luis Potosí.
En Guanajuato, Querétaro y San Luis Potosí, el chile ancho se cultiva y se consume en abundancia. Viaja en costales hacia los mercados de León, Celaya y San Luis, donde se integra a guisos campesinos y festivos. Aquí también recibe otros nombres: “chile de color” o simplemente “colorado”, por la intensidad rojiza que otorga a los platillos.
Ruta 4. Ruta Sureste. Puebla – Oaxaca – Sureste
Al sur, el chile ancho camina hacia Oaxaca, donde convive con el chile pasilla, el mulato y el chilhuacle. En los mercados de Oaxaca de Juárez y en la tradición de los siete moles, el ancho ocupa un lugar modesto pero persistente, en particular en adobos que acompañan carnes y tamales. Desde Oaxaca, se distribuye hacia Chiapas y Tabasco, ampliando sus usos en caldos y adobos regionales.
Ruta 5. Ruta del Norte.-Puebla – Norte del país – Exportación.
El camino hacia el norte lo lleva a San Luis Potosí, Zacatecas y Coahuila, donde se combina con técnicas de asado y carnes secas. En Monterrey, el chile ancho aparece en guisos familiares y también en la industria restaurantera.
En Zacatecas y Durango, el chile ancho acompaña a la carne seca, los asados y los guisos mineros. Los mercados de Zacatecas capital y Durango lo muestran en montones brillantes, y de ahí viaja hacia Monterrey, Saltillo y Torreón, donde se combina con nuevas tradiciones culinarias.
Desde esta ruta, parte hacia los Estados Unidos: en Texas, California, Arizona e Illinois es común encontrarlo en mercados hispanos bajo el nombre de ancho chili pepper. Exportado seco y en costales, mantiene su destino de ser puente entre la cocina mexicana y la nostalgia de los migrantes.
En cada una de estas rutas, el chile ancho no es sólo mercancía: es memoria en tránsito. Lo mismo acompaña las cocinas humildes que los banquetes de boda, los guisos de rancho que los menús internacionales. Sus caminos siguen abiertos, como si cada arruga de su piel conservara la huella de quienes lo cultivaron, cargaron y compartieron.
Hoy en día, el chile ancho también ha comenzado a recorrer rutas internacionales: se exporta en volúmenes modestos hacia Estados Unidos, donde comunidades mexicanas (principalmente en California y Texas) lo han convertido en un insumo indispensable para mantener vivas sus cocinas de origen. Su olor dulce-ahumado ya ha empezado a ser reconocido también en tiendas gourmet de Canadá y Europa.

4. Usos del chile ancho
Se utiliza en la mayoría de los adobos y moles que se preparan en la República mexicana. En los 440 platillos que se presentan en Capsicupea, representa el 65% de su participación dentro de los platillos descritos.
Receta: Adobo de Cerdo con chile ancho
Ingredientes (para 6 porciones)
1 Kg pulpa de cerdo en trocitos
(puede combinarse: ½ Kg. de pulpa con ½ Kg. de costillitas)
3 chiles anchos chicos
2 dientes de ajo
¼ cebolla chica (o sal de cebolla)
5 chiles seco Piquín (un puñito)
Vinagre un chorrito
Aceite vegetal
Sal de cebolla
Sal al gusto
Preparación:
Para preparar la salsa de adobo, los chiles anchos se ponen a remojar en agua caliente, se desvenan, se quitan las semillas y posteriormente se muelen en la licuadora con poquita agua, junto con el ajo y el chile seco piquín, éste soasado previamente en el comal. Se pone a freír el recaudo y una vez que ya está bien frito el recaudo se le agrega un vaso de agua (200 ml).

La carne bien lavada se pone a dorar con un poquito de aceite vegetal y sal en la olla exprés; una vez doradita ligeramente se le agrega la salsa de adobo. Se pone a cocer durante 20 minutos. La salsa debe haber quedado no muy aguada ni muy espesa. Verter un poco de agua si quedó demasiado espesa o un poco de fécula de maíz o de trigo si quedó demasiado aguada.
Se sirve con arroz blanco.
Este adobo es sencillo, pero encierra siglos de caminatas campesinas y festivas. Es oriundo de la zona del Norte de Veracruz, fundamentalmente en Tuxpan. Esta receta nos la transmitió la Señora Coty (3).
En general, la preparación de los chiles secos para elaborar adobo, se realiza de dos maneras:
Primera forma:
- Tostar ligeramente los chiles en comal, cuidando que no se quemen.
- Se desvenan los chiles y se le quitan las semillas. El desvenado se realiza para evitar que pique el adobo (opcional). Las semillas se quitan para que no amargue el adobo.
- Moler en licuadora con ajo, cebolla, especias y vinagre hasta formar una pasta tersa.
- Cocinar a fuego medio en sartén, con un poco de aceite, por 10 minutos, con sal al gusto.
Segunda forma:
- Remojar los chiles secos en agua caliente, durante 5 minutos al fuego.
- Se desvenan los chiles y se le quitan las semillas. El desvenado se realiza para evitar que pique el adobo (opcional). Las semillas se quitan para que no amargue el adobo.
- Moler en licuadora con ajo, cebolla, especias y vinagre hasta formar una pasta tersa.
- Cocinar a fuego medio en sartén, con un poco de aceite, por 10 minutos, con sal al gusto.
5. Reflexión caminante
Preparar un adobo, un mole o una salsa de chile ancho es como caminar entre surcos invisibles: cada bocado es un paso en la tierra poblana, un recuerdo de las manos que cosecharon, de los pies que llevaron los costales al mercado, de quienes han cruzado generaciones con esta receta. Al comerlos, uno camina la cultura a través del sabor.
6. Cierre inspirador
El chile ancho no es solo un fruto seco: es un puente entre campo y ciudad, entre tierra y mesa. Imagino que un día, en “El Señor Adobo”, se sirva este adobo como emblema: un sabor accesible al paladar del caminante y al viajero extranjero. Porque los chiles, al igual que nosotros, nunca dejan de andar.
Deseo compartir la inspiración detrás de mi serie de publicaciones “Caminos del Sabor”. A nivel global, una porción considerable de personas prioriza la consecución del objetivo por encima del disfrute del proceso. Sin embargo, en la mayoría de mis vivencias, he hallado mayor satisfacción en el recorrido que en la culminación. Me gustaría que, de ahora en adelante, quienes se aventuren a caminar vean sus travesías como una experiencia culinaria. Estoy convencido de que la mayor parte de la humanidad se deleita más con el trayecto de saborear exquisitos manjares que con el simple hecho de terminar de comer. Cada vez que salgan a caminar, procuren —con un esfuerzo mental, anímico, físico, etc.— equiparar la caminata con una comida, para que gocen y paladeen cada instante del recorrido, hasta alcanzar su destino. El Apetito-Deseo que surge al comienzo de una comida es, sin duda, la clave del disfrute. Para esto del Apetito, les recomiendo mi libro: “Apetito Existencial” (4). Bueno, esta es la razón por la cual escribo esta serie “Caminos del Sabor”. ¡Buon Apptito!

(1) Loya Lopategui, Carlos, Capsicupea. Los Adobos Mexicanos, EMULISA, México, 2017.
(2) Loya Lopategui, Carlos, GOVOT. El susurro inexorable de los Sentidos, EMULISA, México, 2025. Disponible en Amazon, Edición Kindle: https://www.amazon.es/dp/B0DW2PTYNN

(3) Loya Lopategui, Carlos (Compilador), Clotilde Lopátegui Burdick, (1921-1999), Esperanza Hernández Bonilla (1919-1984), COCINOPEA. Gastronomía Tuxpeña, EMULISA, México, 2011.
(4) Loya Lopategui, Carlos, Apetito Existencial, EMULISA México, 2025. Disponible en Amazon, Edición Kindle: https://www.amazon.es/dp/B0FRDCPX3J




