CAMINAR ANTES DEL PURGATORIO

(para no tener que caminar después)

Hay un detalle que casi nunca se menciona cuando se lee la Divina Comedia: el Purgatorio es, esencialmente, una enorme caminata ascensional. Una subida lenta, ritual, paciente, hecha de pequeñas estaciones y grandes respiraciones. Es un monte que no se recorre en carro celestial ni en nubes flotantes. No: se sube a pie, como cualquiera de nosotros cuando decide, a regañadientes o con entusiasmo, salir a caminar en la vida cotidiana.

En mi novela recién terminada (1), Dante y Cervantes avanzan juntos por ese monte. Y, curiosamente, no lo hacen volando, ni meditando en postura perfecta, ni montados en caballos fantásticos. Lo hacen como lo hicieron en vida: paso a paso, conversando, reflexionando, deteniéndose en los descansos, y avanzando aunque duelan los recuerdos o las piernas del alma.

Y ahí surge la pregunta central de este Post:

¿Por qué esperar a caminar en el Purgatorio… si podemos hacerlo ahora, que todavía estamos vivos?

Porque, seamos sinceros: si hay un lugar donde todo mundo camina, sin excepción, es en el Purgatorio. Y no porque sea moda espiritual, sino porque no existe otra manera de ascender. No hay elevador místico, ni escaleras eléctricas angelicales. Se sube a pie. Se sube caminando. Se sube viviendo cada paso como si fuera un aprendizaje.

Subiendo por el Monte del Purgatorio…

Cervantes caminó para inventar. Dante caminó para entender.

En esta novela, ambos autores descubren algo que quizá en vida no sospecharon del todo: sus obras nacieron del movimiento, no de la quietud.

Cervantes caminó por Sicilia, por Roma, por Argel encadenado; caminó en España persiguiendo trabajos imposibles; caminó por los caminos polvorientos que luego recorrería su Caballero de la Triste Figura. Su literatura tiene polvo real, cansancio real, horizonte real.

Dante, por su parte, compuso una obra que es, literalmente, la crónica de un caminante. La Comedia es un mapa de pasos, una geografía del desplazamiento del alma. Sin caminata no existiría ni un solo verso.

Ambos lo sabían sin saberlo: escribir es caminar hacia adentro.

Y caminar es escribir hacia afuera.

¿No vale la pena imitarlos antes de llegar al más allá?

El Purgatorio como gimnasio espiritual… y físico

Si uno observa bien, el Purgatorio funciona como ese parque grande donde la gente corre, trota, sube escaleras, se esfuerza por mejorar su condición… sólo que con menos tenis deportivos y más luz metafísica.

Cada cornisa del Monte Purgatorio es una estación del esfuerzo.

No muy distinta al esfuerzo emocional que requiere salir a caminar cuando uno está renuente.

“No tengo ganas”.

“Es que hace calor”.

“Mañana comienzo”.

“Total, en el Purgatorio seguro me harán caminar…”

Justo ahí está la analogía perfecta que esta novela nos obsequia:

Si no caminamos hoy, caminaremos después.

Y allá no se puede elegir la ruta ni el ritmo.

Aquí sí.

Aquí puedes avanzar por tu propio paso, con tu propio aire.

Allá, subes porque es parte del destino del alma.

Entonces… ¿por qué no practicar desde ahora?

Un recordatorio amable para los renuentes

Imagina, sólo por un instante, que algún día, muy lejano todavía, llegas al Purgatorio. Te reciben con respeto, te indican el camino y te dicen:

“Bienvenido. Por aquí se sube. Es caminando”.

Tú, que evitaste caminar toda tu vida, volteas sorprendido:

—¿Cómo que caminando?

—“Sí. Todos lo hacen. Dante lo hizo. Cervantes también. Incluso caminaron juntos”.

Y en ese instante, resignado, piensas:

Caray… hubiera practicado antes.

Este Post es una invitación a evitar ese futuro ficticio y a optar por un presente real:

camina ahora, para disfrutar la vida y evitar que la primera caminata seria de tu alma sea en el Purgatorio.

No necesitas subir montes sagrados ni imitar a los peregrinos medievales.

Basta con:

– salir a caminar 20-30 minutos,

– abrir la mente,

– dejar que las piernas piensen por ti.

Porque caminar es, en esencia, un purgatorio ligero pero cotidiano:

uno donde expías tensiones, sueltas culpas diminutas, dejas ir preocupaciones, y regresas un poco más libre que cuando saliste.

Caminar como anticipo del otro mundo… y como mejora de este

Dante y Cervantes nos enseñan, en la novela, que uno no se purifica por actos heroicos, sino por pasos constantes.

Que comprender la vida requiere avanzar.

Que ningún alma encuentra claridad si no se mueve.

Tal vez es hora de hacer lo mismo sin esperar la geografía del más allá.

Camina hoy.

Por salud, por placer, por claridad mental.

Por puro gusto.

O por simple entrenamiento para el día en que —esperemos que dentro de muchísimo tiempo— tengas que caminar un monte que empieza donde termina el mundo.

Si todo escritor camina para escribir, y todo caminante escribe su propio destino, entonces tú ya tienes en los pies el primer capítulo de tu propia novela.

Y lo mejor: no necesita Purgatorio.

Solo un par de pasos.

(1) Loya Lopategui, Carlos, Cervantes y Dante en el Purgatorio, EMULISA, México, 2025. Disponible en Amazon, Edición Kindle: https://www.amazon.es/dp/B0G4T24Y9C