Un cuento nacido de WALKINGNAZCA (1)
WALKINGNAZCA: TRES FORMAS DE LEER EL TERRITORIO
El relato de GIRDOR Y LA MINA QUE ESTABA DEBAJO DE SUS PIES es solamente el comienzo.
En realidad, este cuento forma parte de una experiencia narrativa que surgió a partir de WALKINGNAZCA, una aplicación que imaginamos como una nueva forma de caminar, explorar y relacionarnos con el territorio.
En el futuro Post #1220, EL CAMINO COMO LIBRO: CUANDO EL TERRITORIO COMIENZA A HABLAR, desarrollaremos con mayor profundidad una de las ideas centrales de este ensayo: el territorio puede ser leído como un libro.
Pero ¿qué sucede cuando ese libro no solamente puede ser leído, sino también recorrido?
¿Qué sucede cuando el caminante dispone de una herramienta capaz de relacionar su posición, su recorrido, aquello que observa y aquello que el territorio guarda?
De esa pregunta nació WALKINGNAZCA.
No como una simple aplicación de navegación, sino como una plataforma de exploración y presencialidad territorial, capaz de transformar el caminar en una experiencia de búsqueda, descubrimiento, interpretación y conocimiento.
Para desarrollar esta idea imaginamos tres módulos, cada uno destinado a un territorio diferente y, por tanto, a una forma diferente de leerlo.
PRIMER MÓDULO: LA TIERRA
Es el módulo que presentamos en este Post.
Aquí aparece GIRDOR, un personaje terrestre, caminando por el desierto en busca de una mina de oro.
Pero WALKINGNAZCA no se limita a indicarle un punto en un mapa. Su verdadera función es conducirlo hacia una nueva manera de mirar, sentir e interpretar aquello que encuentra durante el camino.
La búsqueda de una mina puede representar el oro, la plata, el litio u otros materiales de importancia que se encuentran ocultos bajo la superficie terrestre.
Pero también puede representar algo mucho más profundo:
la posibilidad de descubrir aquello que siempre estuvo allí y que, sin embargo, todavía no habíamos aprendido a reconocer.
Por eso, en este primer relato, el camino no es únicamente el medio para llegar a un lugar.
El camino se convierte en parte del descubrimiento.
SEGUNDO MÓDULO: EL MAR
Si la tierra puede esconder sus secretos bajo nuestros pies, el mar los guarda bajo el agua.
Este segundo módulo de WALKINGNAZCA está concebido para explorar el territorio submarino: localizar objetos, embarcaciones, estructuras, vestigios y otros elementos que se encuentren ocultos en las profundidades.
Su protagonista será PULPA, un personaje del mar y del agua, convertido en una especie de gambusina del mar.
También aquí utilizaremos la estructura del cuento.
Porque caminar no significa necesariamente hacerlo sobre tierra.
También se puede caminar de otra manera sobre el fondo del mar.
Y si el desierto puede ser leído como un libro, el fondo oceánico también puede serlo.
Sus páginas están formadas por arena, roca, corrientes, naufragios, objetos, huellas y estructuras que el agua ha ido conservando durante el tiempo.
PULPA tendrá que aprender a leer esas páginas.
TERCER MÓDULO: EL CIELO
El tercer módulo nos conduce hacia un territorio diferente.
Ya no se trata solamente de encontrar algo oculto bajo la tierra o bajo el mar.
Se trata de vigilar aquello que la humanidad ha conseguido conquistar a lo largo de su historia y que hoy puede encontrarse amenazado.
Su protagonista será CANCERBERO.
En sus orígenes, Cancerbero fue representado como un perro guardián; pero, dentro de nuestro universo narrativo, puede adquirir diferentes fisonomías de acuerdo con aquello que debe custodiar.
En este tercer relato aparecerá como un águila de tres cabezas, vinculada al territorio de los cielos.
Su misión será localizar aquellos lugares donde algunas de las conquistas más importantes alcanzadas por la humanidad se encuentren amenazadas por diferentes fuerzas.
Este módulo establece así una conexión directa con los libros:
EL CANCERBERO SOCIAL. DEFENSA INFINITA — VOL. I (Disponible en Amazon, Edición Kindle: https://www.amazon.es/dp/B0DYWKKFQ6
CANCERBERO SOCIAL. EL PUEBLO NO DEBE OLVIDAR — VOL. II. (Disponible en Amazon, Edición Kindle: https://www.amazon.es/dp/B0HG6G6449
y
FILOSOFÍA SOCIOECONÓMICA DE LA PROSPERIDAD — VOL. III. Próximanete disponible en Amazon, Edición Kindle:
Aquí WALKINGNAZCA adquiere una nueva dimensión.
Ya no se utiliza solamente para descubrir.
También se utiliza para reconocer, vigilar y proteger.
TRES TERRITORIOS. TRES PERSONAJES. TRES FORMAS DE CAMINAR.
GIRDOR representa la TIERRA.
PULPA representa el MAR.
CANCERBERO representa el CIELO.
Tres personajes.
Tres territorios.
Tres relatos.
Tres formas de búsqueda.
Pero detrás de los tres existe una misma pregunta:
¿Qué puede llegar a descubrir un ser cuando aprende a caminar de otra manera?
Tal vez esa sea, finalmente, la verdadera función de WALKINGNAZCA.
No localizar tesoros.
No encontrar simplemente objetos.
No señalar únicamente coordenadas.
Sino ayudarnos a descubrir que el territorio está lleno de información, memoria, historias y posibilidades de conocimiento.
Porque, cuando aprendemos a caminar de otra manera,
el camino deja de ser solamente un camino.
Puede convertirse en un libro.
Y quizá entonces descubramos que algunas de sus páginas siempre estuvieron debajo de nuestros pies.
Durante doce años, Girdor había buscado oro.
No doce meses.
No doce temporadas.
Doce años completos.
Había recorrido barrancas donde solamente encontraba piedras.
Había descendido a cañadas en las que el agua desaparecía durante el verano.
Había dormido bajo mezquites.
Había pasado noches enteras dentro de una tienda que el viento parecía querer arrancar del desierto.
Había aprendido a distinguir el ruido de una piedra que cae del ruido de una piedra que contiene metal.
Había comprado mapas.
Había perdido mapas.
Había seguido rumores.
Había seguido hombres que decían haber encontrado oro.
Había seguido incluso sueños.
Y siempre terminaba igual.
Nada.
O casi nada.
Una pequeña pepita.
Unas escamas brillando en el fondo de una batea.
Una piedra amarillenta que durante algunas horas parecía contener una fortuna y que, al amanecer, volvía a ser simplemente una piedra.
Girdor conocía aquella decepción.
La conocía demasiado bien.
Había nacido en el norte de Sonora, en una región donde las montañas parecían haber sido colocadas allí para esconder algo.
Su abuelo, Anselmo, había sido gambusino.
Su padre, Rogelio, también.
En su familia se decía que los hombres Lopera —aunque Girdor nunca estuvo muy seguro de que aquel fuera realmente el apellido original— tenían una relación especial con la tierra.
No porque supieran dónde estaba el oro.
Eso habría sido demasiado fácil.
Decían que sabían escuchar las piedras.
Girdor se reía cuando recordaba aquello.
Su abuelo le decía:
—La tierra habla, muchacho.
—¿Y qué dice?
—Eso es lo que tienes que aprender.
Girdor nunca había entendido la respuesta.
A los veinte años pensaba que su abuelo simplemente hablaba como hablan los viejos.
A los treinta empezó a sospechar que quizá había algo detrás de aquellas palabras.
Y ahora, después de doce años buscando una mina que no aparecía, comenzaba a preguntarse si el viejo no había querido decir exactamente lo que decía.
Tal vez la tierra hablaba.
Tal vez el problema era que él nunca había aprendido su idioma.

I
La noticia de WALKINGNAZCA llegó a Girdor de una manera bastante poco extraordinaria.
Estaba sentado en una pequeña fonda de la sierra, tomando café, cuando un hombre que había conocido años atrás le preguntó:
—¿Todavía buscas oro?
Girdor levantó los ojos.
—¿Qué otra cosa voy a hacer?
El hombre sonrió.
—Caminar.
—Eso es lo que llevo haciendo doce años.
—No. Tú caminas buscando.
—¿Y cuál es la diferencia?
El hombre sacó su teléfono.
—Mira.
Le mostró una plataforma.
En la pantalla apareció una figura.
Girdor reconoció inmediatamente la forma.
—¿Eso qué es?
—Nazca.
—¿Perú?
—Perú.
Girdor acercó el teléfono.
La figura parecía enorme.
No era una fotografía.
Tampoco parecía exactamente un mapa.
Era como si alguien hubiera conseguido introducir una de las grandes figuras de Nazca dentro de un espacio que podía ser recorrido.
—¿Y esto para qué sirve?
—Para caminar.
Girdor soltó una carcajada.
—¿Caminar una figura de Nazca?
—Sí.
—¿Y eso qué tiene que ver con el oro?
—No sé.
—Entonces ¿por qué me la enseñas?
El hombre guardó silencio unos segundos.
—Porque quizá llevas doce años buscando oro de la misma manera.
Girdor dejó de reír.
La frase le molestó.
Precisamente porque podía ser cierta.
—¿Cómo se llama?
—WALKINGNAZCA.
II
Girdor consiguió la plataforma unos días después.
La abrió una noche, sentado en la mesa de su casa.
La pantalla le ofrecía varias figuras de Nazca.
Araña.
Mono.
Colibrí.
Cóndor.
Perro.
Y otras formas cuyos significados originales, según explicaba la propia plataforma, no podían conocerse con absoluta certeza.
Girdor escogió primero el colibrí.
La aplicación le permitió seleccionar una región.
Después apareció algo que le llamó poderosamente la atención.
ESCALA.
Podía modificar el tamaño de la figura para adaptarlo al territorio por el que iba a caminar.
También podía elegir el punto inicial.
Girdor pensó que aquello era una especie de juego.
Pero decidió probar.
Introdujo las coordenadas de una zona de la Sierra de la Tinaja.
No era una mina conocida.
No era un sitio turístico.
Era simplemente una región que había recorrido varias veces.
Seleccionó una escala aproximada.
Eligió un punto de inicio.
Y comenzó.
No caminó en el desierto.
Caminó en su pantalla.
Pero algo extraño ocurrió.
La aplicación no le mostraba solamente una línea.
Le mostraba un recorrido.
Un cuerpo dentro de un espacio.
Una secuencia de direcciones.
Una curva.
Un cambio.
Una distancia.
Un regreso.
Girdor siguió el recorrido con el dedo.
Después lo volvió a hacer.
Luego tomó un lápiz y lo dibujó sobre una hoja.
Aquella noche no encontró oro.
Pero descubrió algo.
Había caminado de una manera diferente.
III
Al día siguiente volvió a intentarlo.
Esta vez eligió la araña.
Después el mono.
Después el colibrí otra vez.
No buscaba todavía una mina.
Estaba experimentando.
Había descubierto que podía modificar la escala de las figuras y hacer que sus recorridos se adaptaran a distintos territorios.
Y comenzó a preguntarse:
¿qué ocurre cuando un mismo territorio se recorre siguiendo formas diferentes?
Con el colibrí, el recorrido era ligero.
Cambios rápidos.
Direcciones que parecían escapar.
Con la araña, las líneas se extendían.
El cuerpo imaginario ocupaba un territorio mayor.
Había largas prolongaciones.
Con el mono aparecían otras relaciones.
Girdor comenzó a tomar notas.
No escribía:
“aquí está el oro”.
Escribía:
“aquí cambia el recorrido”.
“aquí siento algo”.
“aquí parece que la dirección quiere regresar”.
“aquí la pendiente importa”.
“aquí el terreno parece abrirse”.
No sabía exactamente qué significaban aquellas frases.
Pero seguía escribiéndolas.
Después de varios días comenzó a ocurrir algo que no esperaba.
Los recorridos virtuales estaban modificando la manera en que recordaba el territorio real.
Veía una ladera y recordaba una línea del colibrí.
Encontraba una fractura en una roca y pensaba en una de las patas de la araña.
Llegaba a una bifurcación y recordaba una curva.
La plataforma estaba comenzando a convertirse en otra cosa.
No le estaba diciendo dónde estaba el oro.
Le estaba enseñando a mirar de otra manera el lugar donde buscaba el oro.
IV
Girdor volvió a la Sierra de la Tinaja.
Llevaba su teléfono.
No necesitaba conexión permanente.
Había preparado previamente algunos recorridos.
Eligió nuevamente el colibrí.
Comenzó a caminar.
Una hora.
Dos horas.
Tres.
No encontró nada.
Al día siguiente volvió.
Nada.
Al tercero encontró una pequeña mancha de cuarzo.
La recogió.
La observó.
La guardó.
No era suficiente.
Durante las semanas siguientes hizo decenas de recorridos.
Algunos terminaban en barrancas.
Otros en paredes de roca.
Otros en lugares donde la vegetación hacía imposible continuar.
La plataforma le producía sensaciones difíciles de explicar.
A veces tenía la impresión de que un recorrido “pesaba”.
Otras veces sentía que una línea estaba demasiado abierta.
En ocasiones aparecía una especie de inquietud al aproximarse a determinados lugares.
Girdor empezó a llamar a aquellas impresiones:
los sentires.(2)
No porque creyera que fueran mensajes mágicos.
Al contrario.
Había aprendido algo importante.
Un sentir no era una respuesta.
Era una pregunta.
Cuando algo le producía un sentir, tenía que investigar.
Mirar.
Medir.
Comparar.
Regresar.
Eso comenzó a cambiar su manera de buscar.
V
Una tarde, después de casi seis meses utilizando WALKINGNAZCA, ocurrió algo diferente.
Girdor estaba recorriendo una figura de araña adaptada a una zona de la sierra que conocía desde hacía años.
Había recorrido aquel lugar muchas veces.
Nunca había encontrado nada.
La araña terminaba cerca de una ladera.
Girdor detuvo el recorrido.
Miró la pantalla.
Después levantó la cabeza.
Miró la montaña.
Volvió a mirar el teléfono.
Algo no coincidía.
No sabía qué.
Continuó.
La figura avanzaba hacia una zona que él había considerado siempre poco interesante.
Era una pendiente suave.
Sin grandes rocas.
Sin barranca.
Sin cuarzo visible.
Nada que llamara la atención de un gambusino.
Y, sin embargo, Girdor sintió algo.
No fue emoción.
No fue alegría.
Fue una especie de silencio interior.
El recorrido parecía perder fuerza precisamente allí.
Como si la figura hubiera llegado a un lugar donde el territorio dejaba de responder.
Girdor se quedó inmóvil.
Recordó entonces algo que había aprendido de su abuelo.
—La tierra habla.
Miró alrededor.
Y por primera vez entendió la segunda parte de aquella frase que había tardado tantos años en comprender.
No había que esperar que la tierra hablara.
Había que aprender a reconocer cuando algo dejaba de comportarse como debería.
Girdor comenzó a observar.
La pendiente.
Las piedras.
La vegetación.
El color de la superficie.
La dirección de pequeños escurrimientos después de las lluvias.
Encontró una línea de fractura.
Después otra.
Y otra.
Sacó su teléfono.
Tomó fotografías.
Marcó las coordenadas.
Regresó a casa.
Esa noche comenzó a estudiar geología.
VI
Durante varios días Girdor no salió a caminar.
Leyó.
Comparó.
Consultó mapas geológicos.
Estudió fotografías.
Aprendió algo que hasta entonces había pasado por alto.
El oro no siempre se presenta donde el buscador espera verlo.
Puede estar asociado con determinados sistemas de fracturas.
Puede ser transportado y redepositado.
Puede aparecer junto a cuarzo y otros minerales.
Puede encontrarse en vetas cuya expresión superficial es extremadamente discreta.
Girdor comprendió algo que le pareció casi una ironía.
Durante doce años había buscado oro visible.
Pero una mina no necesariamente se anuncia como una mina.
Volvió a la sierra.
Esta vez no llevaba solamente el teléfono.
Llevaba martillo geológico.
Lupa.
Mapas.
Libreta.
Brújula.
Y algo nuevo.
Una manera diferente de mirar.
Llegó hasta la zona donde el recorrido de la araña había producido aquel extraño silencio.
Comenzó a caminar.
No buscó inmediatamente.
Observó.
Encontró una pequeña exposición de cuarzo.
La examinó.
Nada.
Continuó.
Unos metros más adelante apareció otra.
Después otra.
Girdor comenzó a seguir la dirección de las fracturas.
Y entonces sucedió.
Encontró una pequeña mancha.
No era espectacular.
No brillaba como en las películas.
Era apenas una alteración de la roca.
Pero algo llamó su atención.
Tomó una muestra.
La guardó.
Continuó.
Encontró otra.
Después otra.
Las muestras comenzaron a formar una línea.
Girdor dejó de caminar.
Se sentó sobre una piedra.
Miró la ladera.
Y comprendió.
No había encontrado una piedra de oro.
Había encontrado una dirección.
VII
Durante los siguientes días siguió aquella dirección.
Las vetas no aparecían de manera continua.
A veces desaparecían.
Luego regresaban.
En algunos lugares estaban ocultas.
En otros, apenas visibles.
Girdor marcó cada punto.
Dibujó un mapa.
Después superpuso sus observaciones con los recorridos que había realizado en WALKINGNAZCA.
No podía creerlo.
No porque la plataforma hubiera señalado la mina.
No lo había hecho.
Ni siquiera estaba diseñada para buscar oro.
Lo que había ocurrido era diferente.
Los recorridos habían cambiado su manera de experimentar el espacio.
Habían hecho que prestara atención a direcciones, secuencias, pendientes, cambios, distancias y relaciones que antes ignoraba.
Y eso lo había llevado a observar el territorio de otra manera.
La plataforma no había encontrado el oro.
Había ayudado a Girdor a encontrarse con el territorio.
Y el territorio, entonces, comenzó a hablarle en un lenguaje que podía comprobar.
Geología.
Fracturas.
Minerales.
Pendientes.
Escurrimientos.
Erosión.
Tiempo.
Girdor comprendió que el sentir no estaba en oposición a la ciencia.
Podía ser el comienzo de una pregunta científica.
VIII
Una mañana encontró la primera veta importante.
No fue una revelación.
Fue trabajo.
Horas de observación.
Muestras.
Comparaciones.
Regresos.
Errores.
Correcciones.
Y finalmente, una línea mineralizada que atravesaba la roca.
Girdor la observó durante mucho tiempo.
Luego buscó la dirección.
La veta continuaba.
Más adelante encontró otra.
Y otra.
Cuando regresó al campamento aquella tarde, llevaba una pequeña muestra.
La puso sobre la mesa.
La miró.
Y pensó en su abuelo.
Recordó nuevamente aquellas palabras:
—La tierra habla, muchacho.
Girdor sonrió.
—Sí, abuelo —dijo en voz baja—. Pero hay que aprender a escucharla.
IX
La noticia de la mina comenzó a circular.
Llegaron personas.
Geólogos.
Ingenieros.
Buscadores.
Curiosos.
Algunos querían saber cómo la había encontrado.
Girdor les enseñaba sus mapas.
Les mostraba las fracturas.
Las muestras.
Los recorridos.
Y siempre aparecía la misma pregunta:
—¿WALKINGNAZCA te indicó dónde estaba el oro?
Girdor negaba con la cabeza.
—No.
—Entonces ¿cómo lo encontraste?
Girdor tardaba unos segundos en responder.
—No lo sé exactamente.
Y después corregía:
—Bueno… sí lo sé.
Los demás esperaban.
—La plataforma me enseñó a caminar de otra manera.
—¿Y eso encontró la mina?
—No.
—Entonces, ¿qué hizo?
Girdor miraba hacia la montaña.
—Me hizo descubrir que llevaba doce años buscando sin mirar realmente.
X
Pasaron los meses.
La explotación comenzó de manera cuidadosa.
La riqueza de la veta todavía debía determinarse.
No era una fortuna instantánea.
No era el final de todos los problemas.
No era un tesoro mágico.
Era una posibilidad.
Una oportunidad.
Una mina que tendría que ser estudiada, medida, protegida y trabajada.
Pero para Girdor aquello ya no era lo más importante.
Había aprendido algo que valía más que una pepita.
Una tarde regresó solo a la montaña.
Llevaba WALKINGNAZCA en el teléfono.
Abrió nuevamente la figura del colibrí.
La misma con la que había comenzado meses atrás.
Seleccionó la región.
Ajustó la escala.
Eligió el punto de inicio.
Y comenzó a recorrerla.
Esta vez no buscaba nada.
No buscaba oro.
No buscaba una mina.
No buscaba respuestas.
Simplemente caminaba.
A mitad del recorrido se detuvo.
Miró la montaña.
Después miró el suelo.
Pensó en los doce años anteriores.
Había caminado miles de kilómetros.
Había cruzado montañas.
Había dormido bajo las estrellas.
Había seguido mapas.
Había perseguido rumores.
Había recogido piedras.
Había excavado.
Había perdido dinero.
Había ganado experiencia.
Pero nunca había comprendido una cosa elemental.
Uno puede estar dentro de una mina y no encontrar la veta.
No porque la veta no exista.
Sino porque todavía no sabe reconocerla.
Girdor levantó una piedra.
La observó.
Después levantó la mirada hacia la montaña.
Y sonrió.
Quizá eso también sucedía con las ideas.
Con las oportunidades.
Con las personas.
Con los caminos. (3)
Con la vida.
Quizá muchas veces aquello que buscamos no está lejos.
Está dentro de algo que ya estamos recorriendo.
Pero no sabemos verlo.

XI
Antes de regresar, Girdor abrió la aplicación una última vez.
En la pantalla apareció el colibrí.
Una figura nacida a miles de kilómetros de allí.
Una figura creada por un pueblo cuyo significado original todavía intentamos comprender.
Girdor pensó en aquellas personas que, siglos atrás, habían trazado formas enormes sobre el desierto.
Pensó en los caminos.
En los animales.
En los pies.
En el tiempo.
En la memoria.
En las preguntas que habían sobrevivido a quienes las formularon.
Y entonces comprendió algo que nadie le había enseñado.
Quizá el verdadero valor de WALKINGNAZCA no estaba en llevar a una persona hasta Nazca.
Quizá estaba en enseñarle que un camino puede cambiar la manera en que uno mira el lugar donde está.
Girdor apagó el teléfono.
Guardó la herramienta.
Y comenzó a caminar de regreso.
Esta vez sabía exactamente hacia dónde iba.
Pero, por primera vez en doce años, no tenía prisa por llegar.
XII
Años después, cuando alguien le preguntaba cómo había encontrado aquella mina, Girdor contaba la historia.
Algunos se reían.
Otros no entendían.
Algunos querían probar la plataforma.
Otros querían saber qué figura había utilizado.
Girdor siempre les respondía lo mismo:
—No fue la araña.
—¿Entonces fue el colibrí?
—Tampoco.
—¿El mono?
—No.
—¿Entonces cuál?
Girdor sonreía.
—El que caminó fui yo.
Y cuando insistían:
—Pero algo tuvo que haberte indicado dónde buscar.
Girdor miraba hacia las montañas.
—Sí.
—¿Qué?
Girdor tardaba unos segundos.
—Un sentir.
—¿Qué sentir?
Entonces señalaba el suelo.
—El de darme cuenta de que estaba buscando una cosa cuando debía aprender a mirar otra.
Nadie comprendía del todo.
Girdor tampoco.
Pero ya no necesitaba comprenderlo completamente.
Había aprendido que un sentir no necesariamente es una respuesta.
A veces es una puerta.
Y que una puerta solamente sirve cuando uno decide atravesarla.
EPÍLOGO
Girdor nunca volvió a decir que había encontrado una mina gracias a WALKINGNAZCA.
Decía algo diferente:
“WALKINGNAZCA me ayudó a encontrar la manera de buscar.”
Porque la mina estaba allí antes de que él la descubriera.
Las vetas estaban allí.
Las fracturas estaban allí.
Las piedras estaban allí.
El territorio estaba allí.
Lo único que faltaba era su mirada.
Y quizá esa era la verdadera enseñanza que había recibido después de doce años de búsqueda.
Las personas no siempre sabemos dónde están las minas de oro.
Pero hay algo todavía más difícil:
a veces llegamos a estar dentro de ellas y tampoco sabemos reconocer las vetas.
Por eso caminamos.
Por eso buscamos.
Por eso sentimos.
Por eso volvemos.
Porque quizá el camino no siempre nos lleva hacia aquello que buscamos.
A veces hace algo mucho más importante.
Nos enseña a reconocerlo cuando finalmente lo tenemos debajo de los pies.
Creo que este cuento puede crecer todavía más. En particular, veo tres niveles simultáneos que me parecen muy valiosos para el universo que estamos construyendo:
- Nivel narrativo: Girdor busca oro durante doce años y finalmente encuentra una veta.
- Nivel experiencial: WALKINGNAZCA modifica su manera de percibir y recorrer el territorio.
- Nivel filosófico: la verdadera “mina” no es solamente el oro; es la capacidad de reconocer aquello que ya está presente pero que todavía no sabemos leer.
Y hay una frase que, para mí, podría incluso convertirse en el lema de la futura historia, de la plataforma y quizá de una serie de cuentos:
“El camino no encontró el oro. Le enseñó a Girdor a reconocer la veta.”
WALKINGNAZCA no localiza tesoros. Localiza historias.
En Girdor, la historia está debajo de la tierra.
En Pulpa, estará debajo del mar.
En Cancerbero, estará amenazada en el territorio que habitamos y en la memoria de lo que la humanidad ha conquistado.
“…caminar no solamente para llegar a algún lugar, sino para aprender a leer aquello que encontramos mientras caminamos”.

(1) WALKINGNAZCA. Terminal portátil de exploración territorial. Sistema: WALKINGNAZCA — plataforma móvil de exploración, navegación e interpretación del territorio.
Dispositivo: terminal móvil inteligente de campo, resistente y de uso portátil.
Pantalla: táctil de alta resolución, aproximadamente 6–7 pulgadas.
Dimensiones: aproximadamente 16 × 8 × 1 cm.
Peso: 200–250 g, dependiendo de la configuración.
Geolocalización: GPS/GNSS integrado, con posicionamiento en tiempo real.
Cartografía: mapas satelitales y cartografía territorial digital, con posibilidad de almacenamiento local.
Alcance operativo: navegación y registro sin límite físico predeterminado; el alcance depende de la cobertura cartográfica, disponibilidad de GPS/GNSS y conectividad.
Conectividad: GPS/GNSS, Wi-Fi, red móvil y Bluetooth.
Autonomía: aproximadamente 8–12 horas de uso continuo en campo.
Batería: batería recargable de ion-litio, aproximadamente 4.000–5.000 mAh.
Funciones principales: localización, rutas de caminata, identificación de elementos territoriales, registro de recorridos, consulta de mapas, fotografías y documentación del territorio.
Concepto: una herramienta digital para convertir el caminar en una forma de lectura del territorio.
(2) Loya Lopategui, Carlos, El Otro Sentir, EMULISA, México, 2026. Disponible en Amazon, Edición Kndle: https://www.amazon.es/dp/B0HL27VCWC
(3) Loya Lopategui, Carlos, El Camino como Libro, EMULISA, México, 2026. Disponible en Amazon, Edición Kindle: https://www.amazon.es/dp/B0HL6Y8CBK
