Del número a la forma, de la forma al movimiento, del movimiento al sentir
WALKINGNAZCA: una invitación a recorrer las figuras con el cuerpo para explorar aquello que la mirada, por sí sola, no alcanza a conocer.
Podemos explorar qué sienten las personas al recorrer las configuraciones de Nazca y formular hipótesis sobre lo que pudieron experimentar sus constructores, pero no afirmar de antemano que conocemos sus sentimientos originales. Esta distinción en nuestros cometidos no debilita el proyecto de WALKINGNAZCA; le da rigor y abre un campo de investigación mucho más interesante.
Hay figuras que podemos contemplar. Hay figuras que podemos dibujar. Y hay figuras que podemos recorrer. Cuando caminamos sobre ellas, la geometría deja de estar únicamente frente a nosotros: comienza a suceder dentro de nuestra experiencia.
I. Una pregunta para comenzar a caminar
¿Qué puede experimentar una persona cuando recorre con sus propios pasos la figura de un animal, una espiral, una línea recta, un trapecio o una configuración geométrica que se extiende sobre el territorio?
La pregunta parece sencilla, pero nos conduce a un territorio de investigación que apenas comenzamos a explorar.
Estamos acostumbrados a observar las figuras desde fuera. Las contemplamos en una hoja de papel, en una pantalla, en un plano arquitectónico, en una fotografía aérea o desde una posición elevada que nos permite apreciar sus contornos. Aprendemos a reconocer sus propiedades, a nombrarlas, a medirlas y a clasificarlas.
Sin embargo, existe otra posibilidad: abandonar, al menos provisionalmente, la posición del observador y entrar en la figura.
No entrar con la mirada, sino con los pies.
Seguir su trayectoria. Avanzar por uno de sus lados. Cambiar de dirección. Llegar a una intersección. Aproximarse a un centro. Alejarse de él. Repetir un recorrido. Volver sobre nuestros pasos. Descubrir que una distancia necesita tiempo para ser recorrida y que una dirección modifica aquello que percibimos durante el trayecto.
Entonces surge una pregunta diferente de la que habitualmente formulamos ante una figura geométrica.
Ya no preguntamos solamente: ¿qué forma tiene?
Preguntamos también:
¿Qué sucede cuando camino sobre ella? ¿Qué relaciones descubro al recorrerla? ¿Qué experimento al convertirme, temporalmente, en una parte móvil de su configuración?
Estas preguntas constituyen uno de los puntos de partida de WALKINGNAZCA.
Nuestro propósito no es sustituir la geometría por una interpretación subjetiva, sino explorar una dimensión adicional de las figuras: la experiencia corporal que puede surgir al recorrerlas.
Para comenzar esta exploración, proponemos recuperar una antigua estructura del conocimiento: el cuadrivium.
Y, a partir de ella, ensayar una nueva manera de relacionar número, forma, movimiento y experiencia.
II. El cuadrivium: cuatro caminos del conocimiento
La palabra quadrivium procede del latín y puede entenderse como «cuatro caminos» (*). Históricamente, designó el conjunto de cuatro disciplinas matemáticas que, en la tradición educativa medieval, sucedían al trivium: aritmética, geometría, música y astronomía.
Cada disciplina abordaba una dimensión diferente de las relaciones que organizan el mundo.
- Aritmética: el número considerado en sí mismo.
- Geometría: el número y la proporción en las magnitudes y las formas.
- Música: las relaciones numéricas expresadas en proporciones, intervalos y armonías sonoras.
- Astronomía: las relaciones numéricas observadas en los movimientos y ciclos celestes.
El cuadrivium constituye, por tanto, un antecedente intelectual para pensar que el número no se limita a contar objetos: también permite estudiar relaciones, proporciones, ritmos y movimientos.
No fue concebido históricamente como un método para caminar sobre figuras. Tampoco disponemos de fundamento para atribuirle una teoría original de las sensaciones producidas por ese recorrido.
(*) El término latino quadrivium posee dos acepciones históricamente relacionadas. En su sentido original, designa un lugar donde confluyen o se cruzan cuatro caminos; posteriormente, en la tradición educativa medieval, pasó a denominar el conjunto de cuatro disciplinas matemáticas: aritmética, geometría, música y astronomía. La voz española cuadrivio conserva el significado de encrucijada de cuatro caminos. Esta doble acepción resulta especialmente significativa para WALKINGNAZCA: por una parte, el cuadrivium representa una organización del conocimiento; por otra, el cuadrivio evoca un espacio en el que cuatro trayectorias convergen en un centro. Esta segunda imagen nos permite establecer una conexión conceptual entre el significado histórico de la palabra y nuestra propuesta de explorar las figuras mediante el caminar. La doble acepción está respaldada por el diccionario latino de Lewis y Short, que registra ambos sentidos, y por el Diccionario de la lengua portuguesa Infopédia, que define quadrívio como el lugar donde convergen o se cruzan cuatro caminos.

Pero podemos formular una pregunta contemporánea a partir de su estructura:
¿Qué ocurriría si relacionáramos las cuatro dimensiones del cuadrivium con la experiencia de recorrer físicamente una configuración?
Esta pregunta abre una posibilidad.
El número puede ayudarnos a medir los pasos, las distancias y las duraciones. La geometría puede definir las trayectorias. La música puede inspirarnos para estudiar los ritmos de la marcha. La astronomía puede recordarnos que toda experiencia territorial ocurre bajo un cielo, en un momento determinado y dentro de ciclos naturales.
No se trata de afirmar que el cuadrivium histórico ya contenía nuestra propuesta. Se trata de utilizar su arquitectura intelectual como punto de partida para construir un instrumento contemporáneo de exploración.
En WALKINGNAZCA, el conocimiento de una figura no tendría que terminar cuando conseguimos describirla.
Podría comenzar otra etapa cuando decidimos recorrerla.
III. Nuestro cuadrivium: una propuesta para WALKINGNAZCA
Para el desarrollo de WALKINGNAZCA, proponemos ampliar experimentalmente el cuadrivium mediante una relación entre cuatro dimensiones:
Número, forma, movimiento y sentir.
El número nos permite cuantificar.
La forma nos permite reconocer y organizar relaciones espaciales.
El movimiento convierte esas relaciones en una trayectoria que transcurre en el tiempo.
El sentir reúne las experiencias corporales, perceptivas, emocionales y cognitivas que pueden surgir durante el recorrido.
Esta adaptación no es una traducción del cuadrivium histórico, sino una propuesta propia de WALKINGNAZCA.
Podemos expresarla mediante una secuencia:
NÚMERO → FORMA → MOVIMIENTO → SENTIR
Y también mediante un circuito de investigación:
SENTIR → DESCRIBIR → MEDIR → COMPARAR → VOLVER A CAMINAR
¿Por qué un circuito y no solamente una secuencia?
Porque la experiencia no tiene por qué ser el resultado definitivo de una caminata. Puede convertirse en el punto de partida de la siguiente.
Una persona recorre una figura, describe lo que experimentó, compara su experiencia con la de otras personas y decide modificar el recorrido. Cambia la velocidad, la dirección de entrada, el sentido de la marcha o la distancia desde la que se aproxima al centro.
Después vuelve a caminar.
La segunda experiencia puede confirmar alguna observación anterior, modificarla o revelar algo que no había advertido.
Así, el sentir deja de ser únicamente una impresión difícil de comunicar y se convierte también en objeto de observación, descripción y comparación.
No por ello se vuelve completamente medible ni pierde su carácter personal. Lo que hacemos es crear condiciones para investigarlo.
IV. El cuadrivium como mantra y yantra: observar y recorrer
Aquí introducimos una de las ideas más sugerentes de esta propuesta.
Utilizaremos las palabras mantra y yantra como analogías de trabajo, inspiradas en sus usos dentro de distintas tradiciones de pensamiento de la India, pero sin pretender reproducir sus significados religiosos o rituales originales.
En nuestra adaptación, el mantra será una estructura conceptual que podemos contemplar y recordar; el yantra será una configuración que podemos representar y recorrer.
El primero nos invita a observar una relación.
El segundo nos invita a experimentarla mediante el movimiento.
No afirmamos que estas dos funciones agoten los significados tradicionales de ambos términos. Las adoptamos como instrumentos imaginativos para abrir una nueva vía de exploración.
1. El mantra: la figura pensada y observada
Imaginemos una cruz formada por dos trayectorias perpendiculares.
Podemos observarla desde arriba. Reconocer su centro. Advertir que sus cuatro brazos se orientan en direcciones distintas. Identificar sus relaciones de perpendicularidad y simetría.
Después podemos asociar a esa figura cuatro palabras:
Centro. Dirección. Cruce. Retorno.
Las repetimos mentalmente mientras observamos la configuración.
No se trata de una fórmula mágica ni de una afirmación acerca de efectos ocultos. Es una manera de concentrar la atención en las relaciones que deseamos explorar.
El mantra de WALKINGNAZCA será, en este sentido, una estructura verbal o conceptual que nos ayude a orientar la observación.
Podrá consistir en cuatro palabras, una pregunta, una secuencia de instrucciones o una breve descripción de lo que deseamos investigar.
Por ejemplo:
Me aproximo al centro. Reconozco el cruce. Elijo una dirección. Observo lo que cambia.
La figura sigue siendo la misma. Lo que cambia es nuestra manera de prestarle atención.
2. El yantra: la figura recorrida
Ahora imaginemos que la misma cruz existe sobre el terreno y que podemos caminar sobre sus trayectorias.
Partimos del centro y avanzamos hacia uno de sus extremos.
Regresamos al centro.
Elegimos otro brazo y repetimos el recorrido.
Finalmente, caminamos desde un extremo hacia el centro y continuamos hasta el extremo opuesto.
La cruz, que antes era una configuración observada, se convierte en una secuencia de acciones.
El cuerpo experimenta el desplazamiento, el esfuerzo, la duración, las decisiones y las referencias espaciales que intervienen en la marcha.
En nuestra propuesta, el yantra no es solamente una figura dibujada. Es una figura cuya estructura puede experimentarse mediante un recorrido previamente definido.
El mismo principio podrá aplicarse a una espiral, un trapecio, una circunferencia, una línea quebrada o una figura animal.
El mantra organiza la atención; el yantra organiza la trayectoria. Uno nos invita a mirar las relaciones. El otro, a recorrerlas.
Ambos pueden complementarse, aunque no tienen que producir necesariamente la misma experiencia ni conducir a una interpretación única.
V. La cruz: cuatro direcciones y un centro
Comencemos con una de las configuraciones más sencillas y fecundas: dos líneas rectas que se cruzan perpendicularmente.
La cruz constituye un excelente laboratorio inicial porque permite estudiar relaciones geométricas con pocas variables y una estructura fácilmente reconocible.
Tiene dos ejes, cuatro brazos y un punto de intersección.
Ese punto puede funcionar como referencia para organizar numerosos recorridos.
El primer recorrido: del centro hacia afuera
Nos situamos en la intersección.
Elegimos uno de los cuatro brazos y caminamos hacia su extremo.
Podemos prestar atención a la distancia recorrida, al tiempo empleado y a la orientación de nuestro cuerpo.
Después regresamos al centro y repetimos el recorrido por otro brazo.
Aunque las distancias sean iguales, los desplazamientos pueden sentirse diferentes. El terreno, la iluminación, el viento, la pendiente, la velocidad, el aceleramiento en diferentes momentos, el estado físico y las expectativas de la persona pueden modificar la experiencia.
La simetría de la figura no garantiza la identidad de las sensaciones.
Esta diferencia es precisamente una de las cuestiones que WALKINGNAZCA puede investigar.
El segundo recorrido: desde afuera hacia el centro
Ahora comenzamos en un extremo.
Caminamos hacia la intersección y nos detenemos en ella.
Podemos observar si la aproximación al centro se experimenta de manera diferente a la salida desde él.
Después repetimos la experiencia desde los otros extremos.
El recorrido de regreso no tiene por qué ser psicológicamente idéntico al recorrido de ida. Sabemos que estamos regresando, recordamos el trayecto que acabamos de realizar y anticipamos el punto de llegada.
La trayectoria geométrica puede ser la misma, similar a la anterior, mientras que la experiencia temporal cambia.
El tercer recorrido: atravesar el centro
Comenzamos en un extremo y caminamos hasta el extremo opuesto, pasando por la intersección.
Aquí el centro deja de ser un destino y se convierte en una transición.
Podemos detenernos en él o atravesarlo sin interrupción.
Podemos comparar ambos recorridos: detenerse puede convertir el cruce en un acontecimiento deliberado; atravesarlo puede hacer que la atención se concentre en la continuidad del movimiento.
No estamos afirmando que todas las personas experimenten estas diferencias. Estamos identificando condiciones que pueden someterse a observación.
El cuarto recorrido: cambiar de brazo
Desde el centro, podemos girar noventa grados y continuar por otro brazo.
También podemos realizar una sucesión de giros de noventa grados, alternando los cuatro brazos de acuerdo con una secuencia preestablecida.
En este caso, la perpendicularidad deja de ser solamente una propiedad matemática. Se convierte en una condición del movimiento: el cuerpo debe modificar su orientación para seguir la trayectoria.
Podemos registrar el número de giros, su sentido, el tiempo transcurrido y la facilidad o dificultad con que se realizan.
La figura comienza a revelarnos algo que no aparece de la misma manera cuando la observamos inmóviles: sus relaciones direccionales se convierten en decisiones corporales.
El quinto recorrido: regresar al punto de partida
Podemos recorrer los cuatro brazos y regresar al centro después de cada uno.
O realizar un circuito que conecte los extremos mediante trayectorias auxiliares, siempre que el diseño lo permita.
También podemos repetir varias veces el mismo brazo y comparar la primera caminata con las siguientes.
¿Cambia nuestra atención? ¿Anticipamos mejor el final? ¿Recordamos con mayor precisión la distancia? ¿Nos resulta más fácil conservar la dirección?
Estas preguntas relacionan geometría, memoria, aprendizaje y movimiento.
¿Qué nos enseña la cruz?
La cruz no nos transmite un sentimiento universal que podamos deducir únicamente de sus líneas.
Nos ofrece, en cambio, una estructura estable dentro de la cual podemos explorar diferentes experiencias.
Podemos estudiar el centro como origen o destino; la dirección como elección; la perpendicularidad como cambio de orientación; la repetición como aprendizaje; y el retorno como comparación entre lo recordado y lo vivido.
Una figura sencilla se convierte así en un conjunto de posibilidades experimentales.
Y lo más importante: las mismas posibilidades pueden incorporarse a un sistema digital que guíe los recorridos y permita compararlos.
VI. El centro y la periferia: dos maneras de comenzar
Toda configuración que disponga de un centro reconocible y de una periferia puede ofrecernos dos grandes familias de recorridos.
La primera comienza en el centro y se dirige hacia el exterior.
La segunda comienza en el exterior y se dirige hacia el centro.
Estas dos operaciones parecen equivalentes si pensamos exclusivamente en la distancia entre dos puntos. Pero no son equivalentes desde el punto de vista de la experiencia.
Caminar desde el centro
Cuando comenzamos en el centro, el punto de partida funciona como una referencia conocida.
Nos alejamos de él y podemos observar cómo cambia nuestra relación con la configuración.
La distancia al centro aumenta. La perspectiva del espacio puede modificarse. La trayectoria nos conduce hacia un límite, un extremo o una nueva referencia.
Podemos preguntarnos si recordamos dónde se encuentra el centro, si somos capaces de regresar sin ayuda o si la distancia recorrida modifica nuestra percepción de la figura completa.
En una configuración radial, podemos salir por diferentes direcciones y comparar los trayectos.
Caminar hacia el centro
Cuando comenzamos en la periferia, el centro se convierte en una meta.
Podemos verlo desde el inicio o descubrirlo progresivamente, según la forma de la configuración y las condiciones de observación.
La marcha se organiza entonces alrededor de una llegada prevista.
Podemos comparar la experiencia de aproximarnos al centro desde distintas direcciones o comprobar cómo cambia la percepción cuando el centro es visible, está marcado en el terreno o solamente está definido en el mapa digital.
El centro como referencia corporal
El centro geométrico no tiene por qué coincidir con el centro visual, topográfico o subjetivo de una experiencia.
Una figura puede tener un centro matemático bien definido y, sin embargo, presentar pendientes, obstáculos, asimetrías del terreno o condiciones ambientales que alteren la marcha.
Por ello, WALKINGNAZCA distinguirá entre el centro geométrico calculado, el punto de referencia utilizado por el sistema y la experiencia que la persona comunica al llegar.
Esta distinción permitirá formular preguntas más precisas.
¿Estamos caminando hacia un punto geométrico, hacia un lugar visible o hacia una referencia que hemos aprendido a reconocer?
El recorrido nos permitirá investigar las diferencias.
VII. Del cuadrivium a los primeros sentires geométricos
Hasta ahora hemos hablado de configuraciones, trayectorias y condiciones de observación.
Pero nuestro propósito no termina en describir el movimiento. Queremos explorar los sentires que pueden aparecer cuando una persona recorre una figura.
Utilizamos la palabra sentir en un sentido amplio. Puede incluir sensaciones corporales, cambios en la atención, impresiones espaciales, emociones, recuerdos, anticipaciones e interpretaciones personales.
No todos estos componentes son equivalentes ni tienen que aparecer juntos.
Tampoco existe una correspondencia demostrada que permita afirmar, por ejemplo, que caminar una espiral siempre produce introspección o que recorrer una cruz necesariamente genera una sensación de equilibrio.
Lo que podemos hacer es proponer experiencias, registrar las respuestas y comparar sus resultados.
A continuación, presentamos algunos escenarios iniciales.
1. La línea recta: continuidad y anticipación
<em>Pregunta de investigación: ¿cómo cambia la experiencia cuando mantenemos una misma dirección durante un recorrido?</em>
Podemos caminar sobre una línea recta de longitud conocida.
En una primera prueba, avanzamos a nuestro ritmo habitual.
En una segunda, mantenemos una velocidad aproximadamente constante.
En una tercera, dividimos la línea en segmentos y nos detenemos brevemente en cada uno (acelaración).
Podemos registrar el tiempo, el número de pasos, las pausas, los cambios de velocidad y las impresiones personales.
La línea no ha cambiado, pero las condiciones de la marcha sí.
Algunas personas podrían describir continuidad, monotonía, concentración, tranquilidad o dificultad para mantener la atención. Otras podrían no experimentar nada especialmente destacable.
La investigación comienza cuando aceptamos ambas posibilidades.
2. La espiral: aproximarse o alejarse
<em>Pregunta de investigación: ¿qué diferencias aparecen cuando recorremos una trayectoria que nos acerca progresivamente a un centro o nos aleja de él?</em>
Imaginemos una espiral dibujada en el terreno.
Podemos recorrerla desde su extremo exterior hasta la región central y, en otra ocasión, realizar el recorrido inverso.
Podemos comparar la duración, el número de vueltas, la distancia al centro y los cambios de orientación.
También podemos observar cómo se transforma nuestra percepción del recorrido a medida que las referencias espaciales cambian.
La espiral ofrece una oportunidad para explorar la relación entre trayectoria y expectativa.
Si conocemos el diseño, podemos anticipar que nos acercaremos al centro. Si no lo conocemos, podemos descubrirlo mientras caminamos.
No es necesario atribuir a la espiral un significado universal. Basta con investigar qué cambia entre ambas experiencias.
3. El trapecio: límites, lados y transiciones
<em>Pregunta de investigación: ¿cómo experimentamos una figura cuyos lados tienen diferentes longitudes y orientaciones?</em>
El trapecio nos permite comparar lados paralelos, lados oblicuos, distancias y giros.
Podemos recorrer su perímetro completo o atravesarlo mediante diagonales previamente definidas.
Al caminar por el perímetro, experimentamos una sucesión de segmentos y cambios de dirección.
Al recorrer una diagonal, conectamos dos vértices sin seguir el contorno.
La comparación permite estudiar cómo cambia el movimiento cuando seguimos los límites de una figura o elegimos una trayectoria interior.
Podemos medir los segmentos, contar los giros y comparar la duración de los recorridos.
También podemos preguntar si la persona percibe de manera diferente los lados más largos y los más cortos.
4. La circunferencia: continuidad y retorno
<em>Pregunta de investigación: ¿qué experimentamos al recorrer una trayectoria cerrada y regresar al punto de partida?</em>
Caminamos sobre una circunferencia hasta completar una vuelta.
Podemos realizar una segunda vuelta en el mismo sentido y una tercera en sentido contrario, si las condiciones lo permiten.
El punto de llegada coincide geométricamente con el punto de partida. Sin embargo, quien camina no es exactamente el mismo observador que comenzó: ahora dispone del recuerdo de una vuelta completa.
Podemos comparar la percepción de la distancia, el tiempo estimado y la facilidad para anticipar el cierre del recorrido.
El retorno permite investigar la relación entre repetición, memoria y orientación.
5. El zigzag: la experiencia de cambiar de dirección
<em>Pregunta de investigación: ¿cómo influyen los cambios sucesivos de dirección en la atención y la percepción del recorrido?</em>
Una línea quebrada obliga a alternar tramos y giros.
Podemos comparar dos trayectorias de igual longitud: una recta y otra formada por segmentos que cambian de dirección.
Aunque la distancia total sea semejante, la segunda exige orientar repetidamente el cuerpo.
Podemos registrar los giros, las pausas y la velocidad en cada segmento.
También podemos preguntar si la persona recuerda mejor los tramos rectos o los puntos de cambio.
La configuración permite explorar la relación entre continuidad espacial y esfuerzo de orientación.
6. La cruz: elección y relación entre direcciones
<em>Pregunta de investigación: ¿qué cambia cuando podemos elegir entre cuatro direcciones que parten de un mismo punto?</em>
Podemos repetir el recorrido de la cruz con diferentes instrucciones.
En una primera experiencia, el sistema elige la secuencia de los brazos.
En una segunda, la persona decide libremente por dónde caminar.
En una tercera, debe completar los cuatro brazos sin repetir ninguno hasta haberlos recorrido todos.
Estas variaciones permiten comparar un movimiento guiado con uno elegido, así como estudiar la memoria de las trayectorias y la toma de decisiones.
La geometría ofrece el mismo conjunto de direcciones. El modo de recorrerlas modifica las condiciones de la experiencia.
7. La figura concéntrica: distancias y relaciones
<em>Pregunta de investigación: ¿cómo percibimos las relaciones entre una región central y otras que la rodean?</em>
Imaginemos dos o tres circunferencias concéntricas.
Podemos caminar por cada una, desplazarnos entre ellas mediante radios o alternar entre recorridos circulares y rectos.
El sistema puede medir las distancias entre trayectorias, el número de transiciones y el tiempo empleado.
La persona puede describir si percibe diferencias entre permanecer sobre una trayectoria circular y desplazarse de una a otra.
Aquí aparece una posibilidad interesante: experimentar una figura no solamente siguiendo su contorno, sino relacionando sus componentes.
8. La figura simétrica: semejanza y diferencia
<em>Pregunta de investigación: ¿qué semejanzas y diferencias aparecen cuando recorremos dos partes simétricas de una configuración?</em>
Podemos dividir una figura mediante un eje de simetría y comparar los recorridos correspondientes a ambos lados.
Si las trayectorias tienen la misma longitud, podemos comprobar si requieren tiempos semejantes y si se experimentan de manera parecida.
También podemos introducir una variación controlada: comenzar desde puntos diferentes, cambiar el sentido de la marcha o recorrer una parte después de haber descansado.
La simetría matemática nos proporciona una referencia precisa para observar las diferencias que pueden surgir durante la experiencia.
En todos estos casos, la figura plantea una pregunta; el recorrido crea las condiciones para explorarla; y el sentir constituye una de las respuestas que necesitamos escuchar, describir y comparar.
VIII. El otro sentir: caminar las figuras de animales (1)
Hasta ahora hemos explorado figuras geométricas abstractas.
Pero WALKINGNAZCA tiene otra gran familia de configuraciones: las figuras que representan animales, aves, insectos y otros seres vivos.
Aquí el problema adquiere una dimensión adicional.
Cuando observamos el geoglifo de un animal, reconocemos una figura que interpretamos como la representación de un ser vivo. Podemos identificar una cabeza, un cuerpo, extremidades, alas, una cola o una trayectoria que recorre parte de su silueta.
Sin embargo, una cosa es reconocer visualmente al animal y otra muy diferente es caminar sobre la configuración que lo representa.
Al recorrerla, dejamos de contemplar únicamente la figura completa y comenzamos a experimentar sus partes como segmentos de un trayecto.
Caminar el cuerpo de un animal
Imaginemos una figura animal cuyo recorrido permita distinguir la cabeza, el tronco, las extremidades y la cola.
Podemos comenzar en la cabeza y avanzar hacia el tronco. Después, recorrer una extremidad, regresar a una intersección y continuar hacia otra parte de la silueta.
El sistema puede indicar qué segmento estamos recorriendo y cuál será el siguiente.
La persona puede detenerse en puntos determinados y describir sus impresiones.
¿Percibe diferencias entre los segmentos largos y los cortos? ¿Reconoce con facilidad la continuidad de la figura? ¿Cambia su interpretación cuando recorre el contorno completo, en lugar de hacerlo por partes?
Estas preguntas no presuponen que caminar sobre la representación nos permita experimentar literalmente el sentir del animal.
Nos permiten investigar algo distinto: cómo una persona explora corporalmente la organización espacial de una figura que representa a otro ser vivo.
El otro sentir como ejercicio de alteridad
En nuestro ensayo EL OTRO SENTIR, la posibilidad de reconocer formas de sensibilidad diferentes de la humana constituye una cuestión central.
WALKINGNAZCA puede contribuir a explorar esa cuestión mediante una experiencia corporal deliberada.
Caminamos una figura animal, observamos sus proporciones y seguimos sus trayectorias. Intentamos imaginar cómo sería atender al territorio desde otra organización corporal, con otras capacidades de movimiento y otras relaciones con el entorno.
Pero debemos distinguir tres niveles.
El primero es la experiencia efectiva de quien camina.
El segundo es la imaginación de cómo podría relacionarse con el territorio un ser con características corporales diferentes.
El tercero es el conocimiento científico que tengamos sobre las capacidades sensoriales y conductuales de ese animal.
Los tres pueden dialogar, pero no son intercambiables.
Caminar la silueta de un ave no nos permite experimentar el vuelo. Recorrer la figura de un insecto no reproduce sus capacidades sensoriales. Sin embargo, el recorrido puede servir como punto de partida para formular preguntas acerca de las diferencias entre cuerpos, movimientos y maneras de percibir el mundo.
Así, el otro sentir no se convierte en una conclusión que el sistema impone al usuario. Se convierte en una posibilidad de exploración.
¿Y si el recorrido cambia la interpretación de la figura?
Imaginemos que primero observamos el geoglifo completo desde una representación aérea.
Después recorremos su contorno.
Finalmente, el sistema nos muestra de nuevo la figura completa y nos invita a dibujarla de memoria.
Podemos comparar tres resultados: la figura observada, la experiencia del recorrido y la representación recordada.
Es posible que descubramos que algunas partes de la figura fueron más fáciles de recorrer que de recordar, o que determinados cambios de dirección adquirieron mayor importancia durante la marcha.
La comparación puede revelar diferencias entre la percepción visual, la experiencia corporal y la memoria.
No necesitamos afirmar que conocemos cómo sentían los constructores de Nazca para encontrar valor en esta investigación.
Necesitamos formular buenas preguntas, registrar las experiencias y respetar la diferencia entre nuestros resultados y nuestras interpretaciones del pasado.
IX. Los dos grandes territorios de WALKINGNAZCA
A partir de lo anterior, podemos definir dos grandes familias experimentales.
Primera familia: EL OTRO SENTIR (1)
Esta familia comprende los recorridos sobre configuraciones que representan seres vivos.
Sus preguntas principales se relacionan con la representación, la alteridad, la organización corporal y la imaginación de otras formas de relacionarse con el territorio.
Podremos estudiar:
- La continuidad del contorno de una figura animal.
- Las relaciones entre sus partes.
- Las diferencias entre recorrer el perímetro y atravesar determinados segmentos.
- La influencia del sentido y el orden del recorrido.
- Las diferencias entre observar, caminar y recordar una figura.
- La imaginación de formas de percepción y movimiento distintas de las humanas.
Segunda familia: EL SENTIR DE LA FORMA GEOMÉTRICA (2)
Esta familia comprende las configuraciones geométricas y las relaciones espaciales que podemos recorrer.
Sus preguntas se relacionan con la dirección, la distancia, la proporción, la simetría, la repetición, el centro, la periferia, la intersección y el retorno.
Podremos estudiar:
- Las diferencias entre recorridos rectos y quebrados.
- La experiencia de aproximarse a un centro o alejarse de él.
- Los cambios de orientación.
- La repetición de una trayectoria.
- Las relaciones entre segmentos y figuras completas.
- La anticipación del recorrido y el reconocimiento del punto de llegada.
- Las diferencias entre las propiedades matemáticas de una figura y las experiencias de quienes la recorren.
Ambas familias comparten un principio: transformar una configuración espacial en una experiencia corporal que pueda describirse, investigarse y compararse.
Pero no son idénticas.
La figura animal nos invita a explorar la representación de un cuerpo diferente del nuestro. La figura geométrica nos invita a explorar las relaciones espaciales que organizan una configuración.
En ambos casos, caminar nos proporciona una vía adicional de conocimiento (3).
X. La figura no determina un único sentir
Llegamos a una afirmación fundamental para el desarrollo de WALKINGNAZCA:
La forma no determina una única experiencia. Contiene un campo de experiencias posibles.
Esta afirmación significa que una figura puede ofrecer diferentes recorridos y que cada recorrido puede experimentarse de maneras distintas.
Una línea recta puede recorrerse lentamente o con rapidez. Una espiral puede seguirse desde el exterior o desde el interior. Una cruz puede atravesarse en línea recta o recorrerse mediante giros sucesivos.
Además, dos personas pueden realizar exactamente el mismo trayecto y describir experiencias diferentes.
Incluso una misma persona puede experimentar diferencias entre dos recorridos realizados en días distintos.
Por ello, WALKINGNAZCA no debería asignar a cada figura un significado emocional obligatorio.
No debería afirmar que una determinada forma produce necesariamente calma, temor, alegría, introspección o una sensación específica.
Su función sería otra: proporcionar configuraciones, instrucciones y condiciones de recorrido que permitan a cada persona explorar lo que sucede durante la marcha.
El sistema puede sugerir preguntas. Puede señalar relaciones geométricas. Puede registrar tiempos y distancias. Puede comparar recorridos.
Pero no debería decidir de antemano qué tiene que sentir el usuario.
El sentir pertenece a la experiencia de la persona; el sistema ayuda a crear las condiciones para observarlo y estudiarlo.
XI. Caminar, espacio, tiempo y número
El recorrido de una figura reúne tres dimensiones que merecen especial atención: espacio, tiempo y número.
Esta relación nos permite establecer un diálogo con la filosofía de Ernst Cassirer, especialmente con su reflexión sobre las formas simbólicas y las maneras en que los seres humanos organizan su experiencia del mundo.
No necesitamos atribuir a Cassirer una teoría del caminar sobre los geoglifos. Su pensamiento puede servirnos como marco para formular una pregunta propia: ¿cómo se relacionan el espacio que recorremos, el tiempo que empleamos y las relaciones numéricas que describen nuestra marcha?
El espacio
El espacio de una figura puede describirse mediante puntos, segmentos, distancias, ángulos, intersecciones y proporciones.
Pero cuando la caminamos, también se convierte en un espacio de desplazamiento.
El punto de partida, el camino que seguimos, los cambios de dirección y el lugar al que llegamos organizan nuestra experiencia.
El tiempo
Toda caminata transcurre durante un intervalo.
Podemos medir su duración, registrar pausas, comparar velocidades y observar cómo cambia el tiempo empleado cuando modificamos las instrucciones.
Una figura geométrica no necesita cambiar para que cambie el tiempo que tardamos en recorrerla.
El número
El número permite describir y comparar los recorridos.
Podemos registrar los pasos, la distancia, el número de giros, la cantidad de intersecciones atravesadas y las veces que repetimos una trayectoria.
También podemos estudiar proporciones entre segmentos y relaciones entre el tiempo empleado y la distancia recorrida.
La experiencia conjunta
Supongamos que recorremos dos trayectorias de igual longitud.
Una es recta. La otra contiene numerosos giros.
La distancia puede ser idéntica, pero el número de cambios de dirección será diferente. El tiempo empleado podría variar y la experiencia corporal podría no ser la misma.
Si repetimos el experimento con varias personas, podremos comparar los resultados sin asumir que las sensaciones tienen que coincidir.
Aquí aparece una posibilidad importante: utilizar el número para describir las condiciones de una experiencia sin reducir la experiencia completa a una cifra.
El tiempo y la distancia pueden medirse. Las sensaciones pueden describirse mediante palabras, dibujos, relatos o escalas voluntarias. Las diferencias entre participantes pueden analizarse sin pretender que toda vivencia humana sea cuantificable.
Esta combinación de medición y descripción puede convertirse en una de las bases metodológicas de WALKINGNAZCA.
XII. Del desierto de Nazca a cualquier territorio
Hasta aquí hemos imaginado recorridos sobre figuras sencillas y sobre representaciones de animales.
Pero WALKINGNAZCA nació de una pregunta vinculada con un lugar excepcional: el territorio de Nazca, en Perú.
Las líneas y geoglifos de Nazca y Palpa constituyen un patrimonio arqueológico cuya interpretación requiere considerar la evidencia disponible y la investigación especializada.
WALKINGNAZCA no pretende reemplazar esos estudios ni ofrecer una explicación definitiva de los propósitos de quienes crearon las figuras.
Propone investigar otra cuestión complementaria:
¿Qué podemos conocer hoy al recorrer corporalmente configuraciones semejantes a las que observamos en los geoglifos?
La pregunta permite distinguir tres ámbitos de trabajo.
1. Recorrer las figuras originales
Cuando las condiciones de conservación, la normativa y las autorizaciones lo permitan, una experiencia presencial podría guiar a los participantes por recorridos legalmente habilitados.
La aplicación tendría que respetar las restricciones arqueológicas, evitar el deterioro del patrimonio y distinguir las trayectorias autorizadas de las representaciones utilizadas con fines educativos.
No todas las figuras pueden ni deben recorrerse físicamente.
La posibilidad de caminar una configuración original dependerá de las condiciones concretas del lugar y de las autorizaciones correspondientes.
2. Recorrer figuras semejantes en otros territorios
Podemos reproducir determinadas relaciones geométricas en un espacio distinto.
Una cruz, una espiral, un trapecio o una figura animal pueden representarse en una superficie apropiada, siempre que se definan con precisión sus dimensiones y trayectorias.
El usuario podrá recorrerlas sin necesidad de viajar a Nazca.
Esta posibilidad es especialmente importante porque permite ampliar la participación y comparar experiencias realizadas en regiones diferentes.
Una misma configuración puede recorrerse en terrenos planos, en espacios abiertos o en instalaciones diseñadas para ese propósito.
Las diferencias del entorno se convertirán, a su vez, en variables que será necesario registrar.
3. Diseñar nuevas figuras
WALKINGNAZCA también podrá generar configuraciones que no existan como geoglifos históricos.
Podrá diseñar nuevas cruces, espirales, redes de trayectorias, figuras simétricas y combinaciones geométricas.
También podrá crear configuraciones animales originales, siempre diferenciándolas de los geoglifos arqueológicos documentados.
Estas figuras servirán para investigar preguntas específicas.
Por ejemplo, podremos comparar dos espirales que difieran únicamente en su separación entre vueltas, o dos cruces que tengan el mismo tamaño pero distinta longitud relativa de sus brazos.
El sistema podrá guiar al usuario por ambas configuraciones y registrar sus recorridos.
Así, WALKINGNAZCA no dependerá exclusivamente de la posibilidad de visitar Nazca.
Nazca será su referente histórico y conceptual; el territorio mundial será su campo potencial de experimentación.
XIII. WALKINGNAZCA: del mapa a la experiencia guiada
Imaginemos ahora cómo podría funcionar WALKINGNAZCA como modelo digital.
Una persona abre la aplicación y encuentra dos grandes entradas:
EL OTRO SENTIR
EL SENTIR DE LA FORMA GEOMÉTRICA
Elige una de ellas y selecciona una figura.
Puede tratarse de una configuración documentada, una figura geométrica elemental o una nueva creación del sistema.
La aplicación presenta la figura, explica sus características y ofrece varias posibilidades de recorrido.
La persona elige una.
A partir de ese momento, el sistema deja de ser únicamente una pantalla que muestra una imagen. Se convierte en un instrumento de orientación durante la caminata.
Primera operación: observar
La aplicación presenta la figura completa.
Señala sus componentes principales, sus puntos de referencia y las relaciones que serán relevantes para el recorrido.
Si se trata de una cruz, puede destacar los cuatro brazos y el centro.
Si se trata de una espiral, puede señalar el punto de partida y el sentido del recorrido.
Si se trata de un animal, puede identificar los segmentos principales de su contorno sin imponer una interpretación emocional.
Segunda operación: elegir un recorrido
El usuario selecciona una trayectoria.
Puede caminar desde el centro hacia afuera, desde el exterior hacia el centro, por el perímetro o mediante una secuencia de segmentos.
El sistema explica las instrucciones y muestra el recorrido que se propone realizar.
Tercera operación: orientarse
La aplicación indica la siguiente dirección, el punto de referencia o el segmento que corresponde recorrer.
Según las capacidades técnicas disponibles, podrá apoyarse en un mapa, una representación de la figura, referencias espaciales o tecnologías de posicionamiento.
La navegación real sobre el terreno exigirá verificar la precisión de los mapas y de la localización. No debemos dar por hecho que un teléfono puede identificar con exactitud cada punto de una figura en cualquier entorno.
Por ello, la aplicación deberá distinguir entre una ruta digital de referencia y una posición comprobada del usuario.
Cuarta operación: caminar
El usuario sigue las instrucciones a su propio ritmo.
Puede detenerse, continuar o abandonar el recorrido.
La aplicación puede registrar los datos que se hayan definido para el experimento: tiempo, distancia estimada, secuencia de segmentos, pausas o cambios de dirección.
La captura de datos personales o de localización deberá ser transparente y contar con el consentimiento correspondiente.
Quinta operación: describir el sentir
Al finalizar, la aplicación invita a describir la experiencia.
No pregunta únicamente si el recorrido gustó o disgustó.
Puede preguntar qué partes resultaron más fáciles de recordar, dónde fue necesario cambiar de orientación, si la persona anticipó correctamente el recorrido o qué impresiones corporales y perceptivas desea registrar.
El usuario podrá responder mediante texto, voz, selección de categorías o un dibujo.
También podrá indicar que no experimentó nada destacable.
Esa respuesta será tan válida como cualquier otra.
Sexta operación: comparar
La aplicación puede presentar el recorrido realizado junto con el diseño original.
Puede mostrar los tiempos, las distancias y los cambios de dirección registrados, así como las observaciones que la persona haya decidido compartir.
En experiencias posteriores, podrá comparar dos recorridos de la misma figura o dos configuraciones diferentes.
De este modo, la aplicación ayudará a transformar una caminata aislada en una experiencia susceptible de revisión.
WALKINGNAZCA no se limitará a mostrar dónde caminar. Ayudará a decidir cómo caminar, qué observar durante la marcha y cómo documentar lo experimentado después.
XIV. Una cartografía de los sentires
Con el tiempo, WALKINGNAZCA podría reunir un conjunto de experiencias asociadas con diferentes figuras y recorridos.
No sería un catálogo de emociones supuestamente producidas por cada forma, sino una cartografía de experiencias comunicadas por quienes han participado.
Cada registro podría contener:
- La figura recorrida y su geometría.
- La trayectoria seleccionada.
- El sentido y el orden del recorrido.
- La distancia y el tiempo empleado.
- Las condiciones generales del terreno.
- Las observaciones formuladas durante o después de la caminata.
- Los dibujos, relatos o descripciones voluntariamente aportados.
- Las diferencias advertidas al comparar recorridos sucesivos.
Esta información permitiría formular nuevas preguntas.
¿Las personas recuerdan mejor una figura después de recorrerla que después de observarla?
¿Cambian las descripciones cuando la misma trayectoria se recorre en sentidos opuestos?
¿Influye la posibilidad de elegir libremente el recorrido en la atención que se presta a la figura?
¿Se describen de manera diferente las configuraciones geométricas y las figuras animales?
¿Las experiencias realizadas en lugares distintos presentan semejanzas o diferencias que merezcan investigarse?
Las respuestas no deben anticiparse.
Tendrán que surgir de los recorridos, de las descripciones y del análisis de los resultados.
También será importante distinguir entre observaciones espontáneas, testimonios personales y conclusiones respaldadas por comparaciones sistemáticas.
Una experiencia individual puede ser valiosa sin constituir una ley general.
Una coincidencia entre varios participantes puede ser interesante sin demostrar que la figura sea su causa.
La cartografía de los sentires tendrá valor precisamente si conserva estas diferencias.
XV. La memoria de los constructores de Nazca: una pregunta abierta
Llegamos a la cuestión histórica más delicada y, al mismo tiempo, más sugerente de nuestro proyecto.
¿Qué experimentaron quienes diseñaron, construyeron y recorrieron las configuraciones de Nazca?
No podemos responder de manera definitiva a partir de nuestras propias caminatas.
Los geoglifos pertenecen a contextos históricos y culturales específicos. Sus propósitos y significados deben investigarse mediante la arqueología, el estudio del paisaje, las fuentes disponibles y el análisis de las evidencias.
No sería correcto suponer que sus constructores caminaban las figuras exactamente como nosotros podríamos hacerlo hoy, ni que atribuían a cada configuración los mismos significados que les atribuiríamos nosotros.
Sin embargo, podemos formular una hipótesis de trabajo más prudente.
Si una configuración fue concebida para ser recorrida, o si determinadas prácticas culturales implicaron caminar por sus trayectorias, el movimiento pudo formar parte de alguna de las maneras en que las personas se relacionaban con ella.
Esta posibilidad debe examinarse para cada caso y no darse por demostrada de antemano.
WALKINGNAZCA puede contribuir a investigar las posibilidades de esa relación entre figura y movimiento, aunque no pueda reconstruir por sí solo la experiencia original de los antiguos habitantes de Nazca.
Cuando caminamos una figura semejante, generamos una experiencia contemporánea.
Esa experiencia puede ayudarnos a plantear preguntas más precisas acerca de la organización espacial, la orientación, la memoria y el movimiento. También puede sugerir hipótesis que después deban contrastarse con la evidencia arqueológica.
Pero la experiencia actual no es una prueba directa de lo que sintieron los constructores.
Esta distinción es esencial para el proyecto.
No necesitamos afirmar que sentimos lo mismo que los antiguos habitantes de Nazca. Necesitamos explorar qué posibilidades de experiencia contiene una configuración y qué preguntas nuevas nos permite formular acerca de ella.
La imaginación abre caminos. La investigación establece hasta dónde podemos avanzar por ellos.
XVI. El cuerpo como instrumento de conocimiento
Durante siglos, la geometría ha desarrollado procedimientos extraordinarios para representar y analizar las formas.
Podemos definir puntos, líneas, ángulos, superficies, distancias y relaciones de simetría con gran precisión.
WALKINGNAZCA no pretende reemplazar ese conocimiento.
Pretende añadir una pregunta: ¿qué ocurre cuando las relaciones geométricas se convierten en condiciones de nuestro propio movimiento?
El cuerpo no es un instrumento de medición perfecto. Nuestra percepción de las distancias puede variar; podemos perder la orientación, cansarnos o interpretar de manera diferente una misma trayectoria.
Pero esas limitaciones no hacen que la experiencia corporal carezca de valor.
Nos obligan a distinguir entre lo que medimos, lo que percibimos y lo que interpretamos.
Una distancia puede calcularse geométricamente. El tiempo de un recorrido puede medirse con un reloj. La sensación de esfuerzo puede describirse mediante una escala personal. La interpretación de una figura puede expresarse en un relato.
Son registros diferentes.
Relacionarlos sin confundirlos puede permitirnos estudiar aspectos de la experiencia que no aparecen en una representación puramente visual.
En este sentido, caminar una figura es una forma de interrogación corporal.
El recorrido plantea preguntas mediante el movimiento. El cuerpo responde con sus posibilidades, sus límites y sus percepciones. La reflexión posterior transforma esa experiencia en una descripción que podemos examinar.
El conocimiento que surge no es exclusivamente geométrico ni exclusivamente subjetivo.
Se encuentra en la relación entre una estructura espacial, un movimiento concreto y una persona que experimenta ese movimiento.
XVII. Del sentir a la creación: figuras que enseñan a caminar
WALKINGNAZCA no tiene que limitarse a recorrer configuraciones existentes.
También puede diseñarlas.
Esta posibilidad abre una nueva etapa del proyecto: crear figuras con el propósito explícito de explorar determinadas relaciones espaciales y corporales.
Imaginemos una aplicación que permita seleccionar parámetros sencillos:
- Una longitud determinada para los segmentos.
- Un número específico de giros.
- Una relación entre el centro y la periferia.
- Una separación entre trayectorias paralelas.
- Un grado de simetría.
- Un número de intersecciones.
- Una secuencia de recorridos.
- Una duración aproximada de la experiencia.
A partir de esas condiciones, el sistema podría generar una figura y proponer una o varias maneras de recorrerla.
Por ejemplo, podríamos crear dos configuraciones con la misma longitud total, pero con diferente número de giros.
O dos figuras simétricas en las que una tenga un centro claramente marcado y la otra no.
O dos espirales cuyas trayectorias difieran únicamente en la distancia entre sus vueltas.
Estas comparaciones permitirían explorar cómo influyen las propiedades de la figura y las instrucciones del recorrido en la experiencia.
También podríamos crear figuras animales originales, compuestas por segmentos que faciliten diferentes itinerarios.
El sistema no necesitaría atribuirles un significado emocional. Bastaría con definir sus características y ofrecer preguntas que orienten la exploración.
Así, WALKINGNAZCA podría convertirse en un laboratorio digital de configuraciones recorribles.
No solamente mostraría figuras para que las observemos: nos ayudaría a construir figuras que podamos caminar y estudiar.
XVIII. Un método inicial: caminar, observar, escribir y dibujar
Para que estas ideas no permanezcan únicamente en el terreno conceptual, proponemos un procedimiento sencillo que pueda realizarse con una figura geométrica accesible.
Podemos comenzar con una cruz dibujada en un espacio autorizado y seguro.
Antes de caminar
Observamos la figura durante unos minutos.
Identificamos su centro, sus cuatro brazos y sus direcciones.
Anotamos qué esperamos encontrar durante el recorrido.
Podemos dibujar la cruz de memoria o describirla brevemente.
Durante la caminata
Elegimos uno de los recorridos propuestos por WALKINGNAZCA.
Caminamos a nuestro ritmo, prestando atención a los cambios de orientación y a la relación entre nuestra posición y el centro.
Si el experimento lo permite, repetimos la trayectoria en sentido contrario.
No es necesario buscar una sensación extraordinaria. La ausencia de una impresión particular también constituye una observación legítima.
Después de caminar
Escribimos una descripción de la experiencia.
Podemos registrar qué recordamos con mayor facilidad, dónde cambiamos de dirección, si anticipamos el punto de llegada y qué diferencias advertimos entre los recorridos.
Después dibujamos la figura y señalamos sobre ella los lugares que consideramos relevantes.
Finalmente, comparamos el dibujo inicial con el posterior.
Al repetir el experimento
Realizamos otro recorrido y comparamos las descripciones.
¿Hemos advertido algo nuevo? ¿Cambió nuestra percepción del centro? ¿Recordamos mejor la secuencia? ¿Las diferencias se deben a la figura, a las instrucciones, al entorno o a nuestras propias condiciones?
No siempre podremos identificar la causa de una diferencia. Pero podemos aprender a formular preguntas más precisas.
Este procedimiento integra cuatro acciones fundamentales:
CAMINAR. OBSERVAR. ESCRIBIR. DIBUJAR.
La caminata proporciona la experiencia. La observación dirige la atención. La escritura ayuda a formular lo vivido. El dibujo permite representar y comparar la estructura espacial.
El resultado no es una explicación definitiva del sentir, sino un registro que puede alimentar la siguiente exploración.
XIX. Un principio para la navegación digital
Todo lo anterior conduce a una idea práctica.
WALKINGNAZCA debe distinguir entre la figura, la trayectoria y la experiencia.
La figura es la configuración espacial que deseamos explorar.
La trayectoria es el camino específico que el usuario seguirá sobre ella.
La experiencia es aquello que ocurre cuando esa persona recorre la trayectoria bajo determinadas condiciones.
Estas tres dimensiones están relacionadas, pero no son idénticas.
Una misma figura puede contener múltiples trayectorias.
Una misma trayectoria puede ser recorrida a distintas velocidades o en diferentes sentidos.
Una misma caminata puede generar experiencias diferentes entre personas, o en una misma persona en momentos distintos.
Por ello, el sistema debe permitir separar las decisiones de diseño de las observaciones de los usuarios.
En la práctica, esto significa que cada figura podrá contar con varios itinerarios y que cada itinerario podrá incorporar instrucciones, puntos de referencia y preguntas de observación.
También significa que el sistema no debe confundir la ruta que recomienda con la ruta que el usuario realmente recorrió.
Si la aplicación registra una desviación, deberá tratarla como un dato del recorrido, no como una sensación o interpretación.
Del mismo modo, si el usuario describe una impresión personal, el sistema deberá conservarla como testimonio, sin convertirla automáticamente en una propiedad de la figura.
Esta separación facilitará tanto la experiencia individual como el análisis posterior.
La navegación guiará el movimiento. El registro describirá lo ocurrido. La investigación buscará comprender las relaciones entre ambos.
XX. Hacia una nueva manera de leer el territorio
Hasta ahora hemos aprendido a leer mapas, planos, diagramas y representaciones del territorio.
WALKINGNAZCA nos invita a ensayar una lectura complementaria.
En lugar de limitarnos a identificar las formas que aparecen en una imagen, podemos seguir sus trayectorias con nuestros propios pasos.
En lugar de observar únicamente las relaciones entre los puntos de una figura, podemos experimentar las distancias que los separan.
En lugar de estudiar solamente los ángulos, podemos registrar los giros que necesitamos realizar.
En lugar de considerar el centro como una propiedad abstracta, podemos caminar hacia él, alejarnos de él y regresar.
En lugar de contemplar una figura animal exclusivamente como una representación visual, podemos recorrer su organización espacial y preguntarnos qué nos revela esa experiencia acerca de nuestra manera de reconocer otros cuerpos.
Esta lectura no sustituye las anteriores.
Las complementa.
El mapa conserva su utilidad. La geometría mantiene su rigor. La arqueología continúa siendo indispensable para estudiar los contextos históricos de los geoglifos.
Pero aparece una posibilidad adicional: leer el territorio mediante la relación entre una figura, una trayectoria y un cuerpo en movimiento.
El territorio puede entonces convertirse en una superficie de exploración, siempre que lo recorramos con respeto por sus condiciones materiales, sus habitantes y su patrimonio.
No necesitamos caminar sobre todos los vestigios arqueológicos para desarrollar esta idea. Podemos comenzar con configuraciones digitales, reproducciones autorizadas y espacios diseñados para la experimentación.
Lo importante no es caminar a cualquier precio.
Lo importante es aprender a formular preguntas mediante el caminar.
XXI. El comienzo de WALKINGNAZCA
Regresemos al cuadrivium.
En su tradición histórica, cuatro disciplinas matemáticas permitieron organizar una parte importante del conocimiento acerca del número, la forma, las relaciones sonoras y los movimientos celestes.
Nosotros hemos partido de esa estructura para proponer una exploración diferente.
Número, forma, movimiento y sentir constituyen las cuatro dimensiones de nuestro cuadrivium experimental.
El mantra nos ayuda a organizar la atención.
El yantra nos permite imaginar la figura como una trayectoria recorrible.
La cruz nos enseña que una configuración sencilla puede ofrecer múltiples itinerarios.
El centro y la periferia nos permiten comparar dos maneras de comenzar y terminar una marcha.
Las espirales, los trapecios, las circunferencias y las figuras simétricas amplían las posibilidades.
Los geoglifos animales nos invitan a explorar la representación de otros seres vivos y a formular preguntas acerca de la alteridad.
La relación entre espacio, tiempo y número nos permite describir los recorridos con mayor precisión.
La escritura y el dibujo nos ayudan a documentar las experiencias.
Y el sistema digital puede reunir estos elementos para orientar, registrar y comparar las caminatas.
Todo ello constituye una propuesta inicial. Su valor dependerá de nuestra capacidad para convertir las ideas en recorridos concretos, comprobar su funcionamiento y aprender de las experiencias reales de sus participantes.
WALKINGNAZCA no necesita prometer una revelación para resultar interesante.
Puede comenzar con algo más sencillo y, al mismo tiempo, más fértil: una figura, un recorrido y una pregunta.
¿Qué cambia cuando dejamos de observar una forma desde fuera y comenzamos a recorrerla?
¿Qué descubrimos cuando el espacio se convierte en una trayectoria?
¿Qué recordamos después de caminar?
¿Qué diferencias aparecen entre nuestra experiencia y la de otras personas?
¿Qué nuevas preguntas podemos formular acerca de las figuras de Nazca cuando las estudiamos también desde la experiencia corporal?
Estas preguntas no tienen que resolverse todas de una vez.
Pueden convertirse en el programa de trabajo de WALKINGNAZCA.
Un programa en el que cada recorrido contribuya a mejorar el siguiente, en el que cada figura pueda ofrecer distintas posibilidades de exploración y en el que las experiencias personales se documenten sin confundirse con explicaciones históricas todavía no demostradas.
El proyecto comenzará a funcionar cuando una persona pueda elegir una figura, recibir una orientación clara, caminar una trayectoria y registrar lo que experimentó.
A partir de ese momento, la propuesta dejará de ser únicamente una idea.
Se convertirá en una práctica.
Y esa práctica podrá desarrollarse en Nazca, en otros territorios o en espacios diseñados específicamente para explorar las relaciones entre geometría y movimiento.
Porque las figuras no tienen que permanecer confinadas a las imágenes que las representan.
Pueden convertirse en caminos.
Y los caminos pueden convertirse en preguntas que aprendemos a formular con nuestros propios pasos.
XXII. Una última invitación: caminar para conocer
Imaginemos, finalmente, a una persona que se encuentra ante una cruz trazada sobre el terreno.
No necesita conocer toda la historia del cuadrivium.
No necesita dominar la geometría avanzada.
Tampoco necesita esperar que aparezca una sensación extraordinaria.
Solo necesita observar la figura, elegir un recorrido y comenzar a caminar.
Avanza desde el centro hacia uno de sus extremos.
Regresa.
Cambia de dirección.
Cruza el punto de intersección.
Vuelve a detenerse.
Después describe lo que ha observado y dibuja el camino que acaba de recorrer.
Quizá descubra algo acerca de su orientación. Quizá advierta una diferencia entre caminar hacia un punto y alejarse de él. Quizá recuerde mejor una trayectoria después de haberla realizado. Quizá no identifique ninguna diferencia significativa.
Cualquiera de esos resultados puede ser el comienzo de una investigación.
Después, esa persona puede recorrer una espiral, un trapecio o una figura animal. Puede comparar dos trayectorias, repetir un recorrido o diseñar una configuración propia.
Con el tiempo, podrá descubrir que una misma figura admite múltiples experiencias y que caminarla es una manera de relacionarse con ella que no se agota en la observación visual.
No habrá descubierto necesariamente el sentir de quienes construyeron los geoglifos de Nazca.
Habrá descubierto algo igualmente digno de estudio: las posibilidades y los límites de su propia experiencia al recorrer una configuración espacial.
Y habrá contribuido a construir una metodología que otras personas podrán poner a prueba.
Ese es el comienzo que proponemos.
No un sistema que diga a sus usuarios qué deben sentir, sino un sistema que les permita explorar, describir y comparar sus experiencias.
No una explicación definitiva de las figuras de Nazca, sino una nueva vía para formular preguntas sobre ellas.
No una sustitución del conocimiento arqueológico o geométrico, sino una invitación a relacionarlos con el movimiento corporal.
El cuadrivium nos ha proporcionado un punto de partida intelectual.
El mantra y el yantra nos han ofrecido dos imágenes complementarias: observar la figura y recorrerla.
La cruz nos ha permitido descubrir la multiplicidad de itinerarios contenidos en una configuración sencilla.
Las figuras animales y geométricas han abierto dos grandes territorios de exploración.
Ahora corresponde convertir estas ideas en recorridos que puedan experimentarse, documentarse y mejorarse.
WALKINGNAZCA comienza cuando una figura deja de ser solamente algo que vemos y se convierte en algo que podemos recorrer.
Y comienza también cuando, después de caminarla, nos atrevemos a formular una pregunta nueva.
Porque tal vez haya conocimientos que podamos adquirir mirando.
Otros, midiendo.
Otros, leyendo.
Y otros que solamente podamos comenzar a explorar cuando nos pongamos en camino.
WALKINGNAZCA: caminar las figuras, explorar sus relaciones y descubrir los sentires que pueden surgir al recorrerlas.
La forma no determina una única experiencia. Contiene un campo de experiencias posibles.
Y cada caminante puede ayudarnos a descubrir una parte de ese campo.
Pasos que realizaremos a partir de esta publicación.
Este Post debe funcionar como el primer esfuerzo conceptual de WALKINGNAZCA. Para darle continuidad práctica, se proponen tres elementos editoriales.

1. Una imagen de portada
Una composición que reúna una figura geométrica (como la que se puede contemplar) trazada sobre el desierto, la huella de un recorrido y una persona caminando. La imagen debe sugerir investigación y movimiento, sin presentar interpretaciones especulativas como si fueran hechos arqueológicos.

2. Una cartografía de los primeros recorridos
Una lámina con seis configuraciones iniciales: línea recta, cruz ortogonal, espiral, trapecio, circunferencia y figura simétrica (como la que se puede contemplar). Cada una mostraría el punto de partida, la dirección de marcha, el centro cuando exista y las alternativas de recorrido.

3. El primer experimento de WALKINGNAZCA
Comenzar con la cruz ortogonal (como la que se puede contemplar). Diseñar dos recorridos guiados —del centro hacia afuera y de afuera hacia el centro— y pedir a los participantes que describan sus experiencias. Sería una primera prueba concreta del modelo digital, antes de desarrollar recorridos más complejos.
Mi plan inicial es que el primer prototipo digital sea muy sencillo. No se necesita desarrollar de inmediato un sistema complejo que cubra todos los geoglifos. Necesitamos demostrar que una persona puede seleccionar una figura, seguir un recorrido, registrar su experiencia y comparar los resultados.
Ese primer experimento permitiría empezar a convertir la idea filosófica en una metodología operativa y, posteriormente, ampliar WALKINGNAZCA hacia las dos grandes familias que hemos definido: EL OTRO SENTIR y EL SENTIR DE LA FORMA GEOMÉTRICA.
La ambición del proyecto es enorme. Su primera prueba, en cambio, debe ser pequeña, clara y verificable.

(1) Loya Lopategui, Carlos, El Otro Sentir, EMULISA, México, 2026. Disponible en Amazon, Edición Kindle:

(2) Loya Lopategui, Carlos, El Sentir de la Forma Geométrica, EMULISA, México, 2026. Disponible en Amazon, Edición Kindle:

(3) Loya Lopategui, Carlos, El Camino como Libro, EMULISA, México, 2026. Disponible en Amazon, Edición Kindle:
